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FRAN RAGA

La Avenida Blasco Ibáñez de Massanassa: entre fotorrojos y mentiras

Abogado Massanasa
- 08/10/2018
Fran Raga
Fran Raga

Hace algunos meses pregunté al anterior alcalde de Massanassa, Vicent Pastor (PP), sobre el destino de los miles de euros que las multas de los radares fotorrojos instalados en la Avenida Vicente Blasco Ibáñez de nuestro pueblo iban a reportar a las arcas municipales. En aquel momento, ante todo el Pleno, el entonces alcalde se comprometió a destinar tanto dinero como se recaudase con las multas a mejorar la seguridad vial de conductores y peatones de la Avenida.

(Paréntesis: los fotorrojos se instalaron en algunos pasos de peatones mientras que otros no eran si quiera protegidos con badenes o resaltos. ¿Seguridad vial o afán recaudatorio en una vía con una siniestralidad muy baja?).A día de hoy, poco o nada queda de aquel compromiso. En su lugar, gravilla suelta peligrosa para motoristas, bandas reductoras a trozos, baches en pasos de peatones que ocasionan caídas, aceras sin adaptar para personas con movilidad reducida y mobiliario viejo, roto y descuidado. Repensar y cuidar la Avenida Vicente Blasco Ibáñez se hace, debido al estado que presenta en algunos de sus tramos, una obligación.

No es que esta avenida sea la única que precisa de una mejor atención por parte del equipo de gobierno municipal, -formado por PP y Ciudadanos-, pero sí que es una de las más transitadas y la principal imagen que ofrece Massanassa a quienes transitan por el centenario Camí Real. Les invito a hacer una prueba: dense un paseo por la misma avenida en las localidades vecinas de Catarroja, Albal o Alfafar. ¿Ven árboles muertos? ¿Y bancos en los que nadie se sentaría porque están sucios y sin pintar desde hace años? ¿Ven contenedores y papeleras quemados? ¿Y a que, al menos de vez en cuando, se friegan las aceras para combatir la suciedad incrustada? No, no se trata de que los habitantes de Massanassa seamos más sucios o descuidados que nuestros vecinos. Tampoco es que nuestro Ayuntamiento tenga menos dinero para arreglar esos pequeños desperfectos que acaban por ofrecer una imagen pobre y de dejadez. No se entiende que un municipio como el nuestro, con una economía en teoría saneada, no reponga contenedores y papeleras rotos, oxidados o sin piezas, que no repare bancos viejos o que haya quien no pueda circular en silla de ruedas porque no les ha interesado rebajar esos bordillos que impiden que todas las personas, sean como sean, puedan transitar. A veces, antes que pensar en grandes y ruidosas inauguraciones, conviene pensar en los pequeños detalles. Se trata de desinterés y acomodo tras más de veinte años de proyectos a salto de mata y un proyecto de municipio más pronto fantasma. Hemos visto caer personas en baches sobre pasos de peatones que sobreviven meses y meses ante un gobierno despreocupado, mientras en nombre de la seguridad vial se sanciona a 200 euros el semáforo y no se reinvierte nada en mejorar la seguridad vial. Hemos visto como el verde de los árboles plantados años atrás se apaga, al ritmo que muchos comercios en algunos tramos, y todo ello mientras las líneas continuas o los pasos de cebra costaban meses que fueran repasados. Merecemos más, mucho más. Merecemos repensar uno de los principales espacios urbanos de Massanassa, cuidarlo y evitar su degradación. Merecemos pasar de ser una carretera y poco más a ser una verdadera avenida principal, para todos, viva, verde, limpia y atractiva. Es posible.

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