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JOSÉ SALVADOR MURGUI

Personas buenas… personas… "Envidia sana": Envidia.

Murgui es cronista de Casinos y miembro de la RACV
- 07/12/2017
Murgui. FOTO EPDA
Murgui. FOTO EPDA

Hay días que me taladra la mente lo de las buenas y las malas personas. Me supera saber la autoridad que tenemos nosotros para juzgarlas. Me aterra la capacidad mental que disponemos cada uno de nosotros (yo el primero) para decir si esta persona es buena, o es mala, según "me caiga" a mí de bien o de mal; siempre esa valoración va por delante: "porque me cae mal, es mala persona" y dicto la sentencia como un severo juez, capaz de juzgar situaciones límites y perversas.

Me cae mal es sinónimo de mala persona, aunque en su vida no me haya hecho nada personalmente a mí, ni bueno ni malo. Simplemente no la soporto. Y si me ha hecho esa persona algo que para mí puede ser malo, jamás me he preocupado de averiguar "qué" hay detrás de ese "que ha pasado", porque entonces ya no eres malo, ya subes el siguiente peldaño en el que se te puede acusar de radical (seguramente porque vas a parar y descubrir la nefasta raíz del problema).

Por otra parte como tengo la suficiente autoridad, que me ha dado el mundo, la vida, o yo mismo, puedo pontificar en que una persona es buena o es mala, según mi parecer.

¿Por qué esta reflexión hoy día siete de diciembre? Sencillamente porque oigo y me llegan demasiados juicios de valor, juicios que deben ser tenidos en cuenta, según de la boca que, o de la tinta, que los exclaman o los escriben. Quizás la autoridad del escritor no tenga el crédito suficiente para ser tenida en cuenta, pero a veces esas necedades y palabras dichas y escritas, son como el aceite cuya macha se escampa con facilidad, y si lo pones sobre una sartén caliente, se multiplica el aceite y la mancha.

Por eso hay que decir las cosas por su nombre, ser reservados a la hora de emitir juicios, y sobre todo ser prudentes cuando nos referimos a una persona en bien o en mal.

"Cuando veas un hombre bueno, piensa en imitarlo; cuando veas uno malo, examina tu propio corazón." Esta frase de Confucio, me hace recordar que en la larga historia de la humanidad, siempre han existido hombres buenos y hombres malos… mentes al servicio del bien y mentes al servicio del mal, pero no es nuestra misión ni nuestro deber juzgarlas, ni meternos en charcos de los que tengamos difícil salida.

Todos queremos ser buenas personas. No conozco a nadie que no quiera. Es una tendencia natural en los seres humanos. Unos la potencian, otros la inhiben, pero ahí está acompañándonos en todas nuestras acciones. Pero llevamos un tiempo que parece que estemos asumiendo personajes novelescos amando y viviendo en largos tiempos revueltos.

Vamos camino de la Navidad, fiesta que nos recuerda a los que creemos en "algo" que en esas fechas, que después fueron fiestas y que se han consagrado como grandes fiestas pues en ellas se nos ha dicho siempre que nació LA PAZ.

Hoy estamos ante una Navidad paganizada, olvidada de su esencia, pero denominada Navidad, disfrazada como fiestas de invierno, de Papa Noel… o de grandes almacenes capaces de calmar las conciencias, descargar los bolsillos, y anular las depresiones que afloraran más tarde con la cuesta de enero, cuando se apaguen las luces, nos hayamos comido el turrón, y volvamos a discurrir entre los buenos y los malos.

Diciembre, mes de la reflexión, mes de hacer balance, mes de los buenos propósitos… mes de dejar de juzgar a los buenos y los malos, mes de callar y acercarme a ver lo bueno que hay en el otro y lo malo qua hay en mí. Porque "El primer paso hacia el bien es no hacer el mal." Frase lapidaria de Jean-Jacques Rousseau que nos define el camino del bien, que a veces mezclamos con otros malos ingredientes como son la envidia y el odio, malas palabras.

Hagamos el bien, olvidemos las envidias y a ver si entre todos ponemos un poco (solo un poco) de cordura en este mudo. Palabra del día: "meditar".

Feliz jornada.

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