Vivimos tiempos extraños. Cuando creÃamos que la exhibición de emblemas LGTBI cuando llegaba el mes de junio y las celebraciones del orgullo era tan normal que sobraban comentarios, nos encontramos con todo lo contrario. De repente, pasa algo y se desata una polémica que hacÃa mucho tiempo que no tenÃa nada de polémica. Y se discute no solo la celebración, sino que se llegan a prohibir o a retirar banderas arco iris.
No estarÃa mal, llegado el caso, recordar cómo nació la bandera con los colores del arco iris, y su significado. Fue diseñada por Gilbert Baker en 1978, y hay quien la relaciona con la famosa canción que entonaba Judy Garland en El mago de Oz. Cada franja de color está asociada a un concepto: vida (rojo), naranja (salud), amarillo (luz solar), verde (naturaleza), azul (serenidad), morado (espÃritu). La bandera original también incluÃa dos franjas con dos colores más, y fue realizada a petición de Harvey Milk, pero luego desparecieron el turquesa y el rosa, según algunas versiones, porque era más adecuado para decorar las farolas y, según otras, porque era mucho más caro e teñido si incluÃa esos colores. Curiosamente -o no- esos dos colores fueron los que formaron parte de la bandera que identifica al colectivo trans. Desde 2018 se intenta popularizar una nueva versión, creada por Daniel Quasar, con la intención de hacerla más inclusiva, que incluye el marrón y el negro para representar la inclusión de todas las razas, asà como el rosa, el azul celeste y el blanco, que representan a las personas transgénero.
Pero, sea cual sea su origen y la versión que de la misma se acepte, lo que estaba claro es que, al menos oficialmente, todo el mundo la reconocÃa y respetaba en nuestra sociedad. Y asà estábamos cuando, se repente, empiezan a surgir pactos y resoluciones de ayuntamientos que, también oficialmente, proscriben su uso. Sin prohibirla oficialmente -faltarÃa más- dejan de exhibirlas en balcones y ventanas de edificios oficiales y arrinconan su uso y lo que significa. El caso más sonado fue el del un ayuntamiento de nuestra Comunidad Autónoma, pero no es el único. Algo que da mucha pena, por no decir mucha rabia.
No obstante, y como soy optimista, no me quedaré con eso. Me quedaré con la reacción de la gente de la calle, de la gente de un pueblo cuyos habitantes se niegan a ser tachados de homófobos, que engalanaron sus balcones con los colores del arco iris y salieron a la calle a mostrar lo que su ayuntamiento se negaba a hacer. El orgullo. Un orgullo que nadie puede quitar porque se lleva dentro.