El otro dÃa un escritor me hablaba de las virtudes que tiene escribir a mano, algo que cada dÃa olvidamos más. DecÃa que Obama contestaba cartas manuscritas porque eran mucho más personales y porque para hacerlo es mucho más necesario parase a pensar antes de plasmar las cosas en papel, ya que la escritura manual es más lenta y no da la opción de borrar e ir atrás.
Esas palabras me recordaron otra costumbre que también ha desaparecido prácticamente: la de escribir diarios. Todo el mundo que tenemos una edad hemos recibido como regalo alguna vez un diario, y también hemos tenido la firma intención de escribir en él todos los dÃas, una intención que se diluye hasta desaparecer al cabo de poco tiempo. O asà era, al menos, en mi caso.
Pero, por suerte, ha habido en la historia otras personas más constantes. Si no fuera asÃ, el legado de Anna Frank no habrÃa llegado hasta nosotros, y tampoco lo habrÃan hecho otras muchas historias. Incluso aquella serie de nuestra infancia, La casa de la pradera, estaba inspirada en los diarios de una de sus protagonistas, Laura Ingalls.
El diario, además, se convertÃa en un género literario en sà mismo, y también en un modo de narrar en el cine. Pensemos en El diario de Bridget Jones o El diario de Noah, o en obras maestras como La tesis de Nancy, que parte de un supuesto diario. En mi infancia, recuerdo haber visto en las estanterÃas tÃtulos como El diario de un muchacho de PREU o El diario de Ana MarÃa, obras que pertenecÃan a mis hermanos y jamás leÃ, pero cuyo tÃtulo se quedó grabado en mi memoria por alguna extraña razón.
En cualquier caso, escribir un diario es una bonita costumbre que no deberÃamos haber perdido. Incluso hay psicólogos que lo recomiendan, asà que por algo será.
Ahora me gustarÃa tener en mis manos aquel diario de flores rosas y con un candadito también rosa que me regalaron de niña y en el que juré que escribirÃa cada dÃa. Me encantarÃa haber cumplido mi juramento y poder reencontrarme con la niña que fui. Pero, lamentablemente, eso no es posible, y me he de conformar con lo que mi mente ha guardado y almacenado a través de los años y yo soy capaz de recordar.
No voy a ser tan ingenua de volver a prometerme a mà misma que escribiré cada dÃa en un diario, aunque no estarÃa mal hacerlo. La vida actual no casa bien con esos momentos de reflexión Ãntima. Pero, al menos, recuperemos la práctica de escribir a mano de vez en cuando. Seguro que nos viene bien
SUSANA GISBERT
Fiscal y escritora (@gisb_sus)