El Partido Socialista del PaÃs Valenciano o 'pesepeve' tenÃa una oportunidad de oro para afianzarse como alternativa de gobierno ante los múltiples problemas que asfixian a la Generalitat Valenciana como institución y al Partido Popular como partido. Pero el próximo congreso nacional que celebran a finales de mes en Alicante se presenta como una cruenta batalla entre familias, las mismas que hace 20 años, con algún nuevo héroe nacido al calor del zapaterismo, como Leire PajÃn o Francesc Romeu, crecidos polÃticamente con Zapatero y Pepiño Blanco.
El partido de los Socialistas valencianos cosechó en mayo la peor derrota de su historia, principalmente porque Jorge Alarte y numerosos alcaldes recibieron en su cara la bofetada que muchos valencianos le quisieron arrear a Zapatero. Un Alarte que fue elegido secretario general por los pelos y que apenas lleva dos años en el cargo y 9 meses como portavoz del PSPV en les Corts Valencianes. No importa. En el socialismo valenciano un lÃder dura lo que un caramelo a la puerta de un colegio si los 'capos' de las familias se lo quieren merendar.
Porque Alarte lo habrá podido hacer bien o mal. De acuerdo. Pero ése no es el problema de los socialistas valencianos. Su problema es que no tienen programa y si lo tienen, no conecta con la sociedad valenciana. Pero eso, ¿qué importa? Lo realmente importante para muchos de los miles de delegados es posicionarse con el sector o familia con más posibilidades de victoria, a sabiendas de que su futuro -orgánico e institucional- pasa por acertar en la elección.
Es increÃble que 17 años después de perder Joan Lerma las elecciones autonómicas, todavÃa siga liderando la familia lermista, ahora encabezada por savia nueva como Ximo Puig, metido en mil y una batallas desde el mismo instante en que su ex jefe perdió el poder. Pero no es la excepción, sino que todas las demás familias históricas se han mantenido, más o menos intactas, hasta ahora. Junto a Lerma, Ciprià Ciscar, su eterno enemigo de congresos y ahora aliados en el 38 Congreso Federal del PSOE al apoyar ambos a Carme Chacón frente a Alfredo Pérez Rubalcaba. La vieja guardia demostró su experiencia apostando a caballo perdedor. Junto a ellos, un gran magma surgido del eterno volcán en erupción que es el PSPV empujados por el anti alartismo, con Manolo Mata, Izquierda Socialista, los pajinistas y la siempre presente FSP de la UGT, con un Luis Lozano que se jubilará en la guerra de guerrillas. O Francesc Romeu, quien ha decidido pescar en el caladero de los descontentos con todos en general y Alarte, en particular, para conseguir el sillón perdido en Renfe.
Todos contra Alarte, cada vez más aislado, a quien culpan de todos los males del PSPV. Unos lo hacen porque su conciencia asà se lo dicta. Otros porque cayeron en congresos y no fueron colocados en candidaturas del partido. También están los fracasados y frustrados. E incluso los agradecidos, como aquellos que fueron premiados para encabezar la candidatura del Ayuntamiento de Valencia -caso de Joan Calabuig- para contentar al lermismo, y ahora asà se la pagan, por no nombrar a aquellos que encadenan cargos institucionales como el diputado CÃscar o el senador Lerma. Que cada vez hay menos poltronas, la crisis aprieta y, pregunta del millón, ¿a qué se van a dedicar personas que no han hecho otra cosa en su vida que vivir de la polÃtica?
Todos contra Alarte. Todos ondeando la bandera de la renovación, la mayor democracia y participación y la integración de todas las sensibilidades. Todos repitiendo la misma mentira una y otra vez.
No hay guerra sin cadáveres y en el PSPV, por cientos. Junto a los heridos, también muertos polÃticos, entre ellos nombres propios como Joan Romero, Antoni Asunción o Joan Ignasi Pla.
Mientras las guerras se reproducen en todas las asambleas locales donde se eligen a los delegados que decidirán el futuro del PSPV en Alicante, el partido se hace más y más pequeño y se aleja más y más de la sociedad, dando alas al PP, que atraviesa uno de sus peores momentos, y a CompromÃs, dispuesto a dar otro salto cualitativo a costa de la sangrÃa del Partido Socialista valenciano, donde cada vez son menos y no siempre están los mejores. El 'pesepeve' se dirige hacia la autodestrucción salvo que se produzca una refundación del partido o la elección de un secretario general por amplia mayorÃa que integre a los mejores de todas las familias en una dirección respaldada mayoritariamente. Unidad y programa o marginación social. TodavÃa mayor.
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