Josu Imanol Delgado y Ugarte./ EPDALas Sociedades siguen navegando en un mar de incertidumbres marcadas por decisiones de política económica que, en ocasiones, parecen ignorar las lecciones fundamentales de la Ciencia Económica que Adam Smith fundó en 1776.
Aunque hemos superado las crisis más agudas del pasado reciente y se superará la actual, derivada del ataque a Irán, persiste una tendencia a gestionar los recursos públicos bajo una lógica de corto plazo, olvidando la esencia de lo que es la economía, la asignación óptima de recursos, y siempre en aras del bienestar social.
El Error de Recortar en lo Estratégico
Resulta ser imperativo gestionar los recursos con rigor, pero la ciencia económica ha demostrado, tras más de dos siglos, que la sanidad y la educación no son gastos, sino inversiones estratégicas.
Una población con una sanidad debilitada es, por definición, menos productiva y lógicamente genera costes asistenciales, mucho mayores a largo plazo.
Del mismo modo, en la era de la Inteligencia Artificial y la transición energética, una población insuficientemente formada es incapaz de competir adecuadamente.
Sin una inversión robusta en I+D+i, se corre el riesgo de convertirse en un actor secundario, incapaz de aportar la innovación y el conocimiento que irrefutablemente sustentan el crecimiento real.
La Curva de Laffer y la Presión Fiscal
Hoy, nos encontramos en un escenario de alta presión fiscal. Como advirtió Arthur B. Laffer (y anteriormente los estudios de Robert E. Lucas), existe un punto en el que el aumento de impuestos deja de recaudar más, para empezar a asfixiar la actividad económica.
Ignorar estos incentivos indudablemente desincentiva la inversión privada y reduce la base imponible, logrando el efecto contrario al deseado, menos recursos para el Estado y más dificultades para las familias.
La Necesidad de la Inversión Pública
La historia económica, desde el crash del 29 hasta la respuesta a la pandemia de 2020, ha dejado una enseñanza empírica clara:
cuando la inversión privada se retrae por la incertidumbre, la inversión pública productiva debe rellenar ese espacio y actuar como motor.
Si el sector público se retira en momentos de estancamiento, se eliminan transacciones vitales y el crecimiento se detiene.
La Ley de Okun y la Realidad del Empleo
Como describió el Premio Nobel de Economía Arthur M. Okun, no existe creación de empleo sostenida sin crecimiento económico previo.
Pues resulta ser evidente que todas las reformas laborales centradas únicamente en la flexibilidad de los contratos o el abaratamiento del despido son sólo parches que resultan ser indudablemente insuficientes, si es que no hay una suficiente demanda laboral real que los pueda sustentar.
El factor consumo en una ciudadanía que percibe inseguridad laboral o una pérdida de poder adquisitivo por la inflación, obviamente se retrae en su consumo.
Y se entra insoslayablemente en un círculo vicioso,
Menos consumo implica menor demanda interna, lo que a su vez frena la contratación laboral, independientemente de lo "barato" que sea el contrato.
Por lo tanto es hora de que los gestores públicos vuelvan pues a los manuales de economía y observen la Teoría Económica que han demostrado su validez a lo largo de los años.
No podemos permitir que la población sufra las consecuencias de políticas que priorizan el equilibrio contable inmediato, sobre el desarrollo humano y técnico a largo plazo.
Recuperar la inversión en capital humano y fomentar un entorno de certidumbre para la inversión es la única vía para no seguir cavando en el hoyo de la precariedad y poder alcanzar un desarrollo económico y social sostenible.
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