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Este fin de semana asistimos desde nuestros sofás -salvo quinespudieran hacerlo en vivo y en directo- a la gala de los Goya. Unagala que desde el principio se nos anunciaba como espacio dereivindicación de la presencia de mujeres en el cine.
No había que ser Hércules Poirot para decir que se veía venir,después del #MeToo y de todos los eventos en que se ha aprovechadola plataforma del glamur y la alfombra roja para reivindicar losderechos de las mujeres. De otra parte, tampoco es nada nuevo. Yahemos visto más de una vez cómo estos eventos se convertían en unaltavoz de otras peticiones, y con razón además. Así que vaya pordelante mi satisfacción por el “qué”, el “cuándo” y el“dónde”, aunque sobre el “cómo” habría que hablar un pocomás.
Lo primero que me llama la atención es la gran paradoja de que unagala que pretende ser reivindicativa de la presencia de mujeres seapresentada por dos hombres. Y no es que los hombres no puedan lucharpor la igualdad tanto como las mujeres, desde luego. Pero los gestosimportan, y un gesto tan importante como los abanicos rojos hubierasido la presencia de, al menos, una mujer, entre quienes conducíanla gala. Como diría mi madre, el movimiento se demuestra andando.
Pero no voy a ser ceniza. Y, aunque me hubiera gustado ver másabanicos rojos y oir cosas más contundentes, no está mal comoprincipio. Repito, como principio. Lo verdaderamente importante esque todo esto no quede en un TT, en una gala y en una anécdota, ysea el inicio de un compromiso para ser cada vez más iguales en elcine y en la vida. Que, como se dijo, tome nota la Academia, perotambién lo hagan quienes forman parte de este gran negocio que es elcine. Que quienes pagan, quienes contratan, quienes escriben losguiones, quienes dirigen, quienes seleccionan a los intérpretes,quienes distribuyen las películas y quienes hacen todas las cosasque hay que hacer se pongan a la tarea y utilicen el abanico rojopara algo más que para darse aire. Sin olvidarme del público,claro. Porque quienes van al cine también han de poner su granito dearena, que no es moco de pavo, con su paso por taquilla. Que es biensabido que el público tiene la última palabra.
Así que, con más o menos fortuna, me congratulo del gesto. Perosolo si supone el pistoletazo de salida a una carrera que todavía eslarga. No lo olviden. Les estaremos vigilando.
SUSANA GISBERT
(TWITTER @gisb_sus)