P. Valenciano.Hace 23 años que nació Canal 9 y lo hizo en pleno proceso expansivo del Estado de las Autonomías. Para entonces ya emitían otras televisiones públicas autonómicas, como la TV3. Parece que fue ayer cuando Joan Monleón aparecía con ‘les monleonetes’ y sus ‘vidrioles’ y regalaban a las amas de casa de Quartell, los falleros de Sueca-Literato Azorín o el Gremi de Forners d’Alacant ‘‘¡cinc mil pessetes!’’.
Cuando nació Canal 9 todavía era un niño pero recuerdo aquella primera etapa con mucho cariño. ‘El Show de Joan Monleón’ se convirtió en un emblema de la casa, junto a los informativos y la emisión del fútbol el fin de semana.
Más tarde, cuando decidí estudiar Periodismo, la televisión pública valenciana se nos presentaba a cientos de periodistas como una oportunidad laboral extraordinaria. Muchos compañeros encontraron un puesto de trabajo, unos porque llegaron en el momento adecuado, otros porque aprobaron limpiamente unas oposiciones, pero muchos otros enchufados, primero por el partido que impulsó la televisión y, después, por el que cogió el testigo.
Así es como la plantilla fue creciendo, creciendo y creciendo hasta el infinito y más allá. Hasta que la situación, en plena crisis económica, se ha hecho insosteniible. Desde luego, en Canal 9 sobraban muchas personas. Es cierto. Sin embargo, lo que ahora es un drama para muchísimos periodistas, se podría haber evitado si los políticos hubiesen sido más responsables con el dinero de todos. ¿De verdad era necesaria una plantilla superior a las de Telecinco y Antena 3 juntas? ¿Para hacer qué programación?
Entremos en este apartado. Canal 9 ha pasado de hacer audiencias de más del 20% de cuota de pantalla a estar por debajo del 5% de share. Su credibilidad está al nivel de su audiencia: por los suelos. Sus informativos dejaron de ser plurales para estar al servicio del partido gobernante. Su programación se ha rellenado con películas americanas -taquillazos cuyos derechos de emisión han costado una fortuna-, series extranjeras o películas del Oeste. Y hasta hace bien poco compraba derechos deportivos, como el fútbol o la Fórmula 1, pese a que cadenas privadas nacionales emitían lo mismo.
La Canal 9 que muchos soñábamos -en valenciano y apoyando la producción valenciana- nunca llegó a fraguarse, porque la televisión de todos los valencianos se convirtió en un mero instrumento propagandístico.
Nada que ver con TV3, la televisión pública catalana, la cual, aunque también está al servicio de los partidos que gobiernan la Generalitat de Catalunya, ha apostado por una programación 100% en catalán, lo que ha supuesto que el sector audiovisual de aquella autonomía haya crecido de manera sostenida desde su nacimiento, a diferencia del valenciano, que agoniza porque Canal 9 nunca cumplió la ley que la creó.
La certificación de la muerte de la televisión pública valenciana llega, paradojas de la vida, cuando la catalana volverá a verse en la Comunitat Valenciana, después que el PP cometiese el error de prohibir las emisiones de TV3 en territorio valenciano por aquello de ‘¡Que nos invaden los catalanes!’. El Tribunal Supremo ha dado la razón a Acci, ó Cultural del País Valencià y muy pronto volverá a verse TV3. En un mundo globalizado en el que podemos ver cualquier televisión del mundo, ¿a quién le cabe en la cabeza prohibir una televisión de una autonomía española vecina con la que compartimos tantas cosas?
TDT y Tele 7
Pero en esta nuestra Comunidad casi todo es posible. Por ejemplo, ha sido posible el proceso de adjudicación de las licencias de TDT fuese un auténtico fraude, al dar la inmensa mayoría a grupos de derecha o derecha extrema que, para más inri, no han sabido gestionar las concesiones. Pongamos un ejemplo que conozco bien: Tele 7. La televisión llamada a mojarle la oreja a Canal 9 y que acabó ahogándose en su propia saliva.
Aquel proyecto nacía con el patrocinio de dirigentes del PP y la participación de empresarios, unos corruptos y otros tontos y corruptos. Tras un inicio prometedor y una puesta en escena como nos gusta a los valencianos -mucho ruido y pocas nueces-, nacía Tele 7. Mítica es su gala de presentación en Feria Valencia y más memorable fue todavía su hundimiento. Yo lo viví en primera persona como director de Tele 7 Calderona y lo que quedó del grupo autonómico en descomposición. Jamás vi en tan poco tiempo y espacio tantos jefes, jerifaltes, mamones y ‘mindundis’ que en aquella empresa. Si a eso le sumamos el grupo de empresarios del ladrillo que sólo sabían gestionar a golpe de talonario, se comprende que aquello acabara en tragedia para los ‘curritos’ cuando a la vaca lechera de la construcción se le exprimió hasta la última gota.
En conclusión, y aprovechando estas últimas líneas para desear mucha suerte a mis compañeros y felices fiestas a todos los lectores, que el periodismo en esta nuestra Comunidad atraviesa el peor momento de la historia reciente, por culpa de los políticos irresponsables, de la crisis económica y de los empresarios de la construcción metidos en listillos de la comunicación. Zapatero, a tus zapatos. Y los periodistas, a reinventarnos. Y superaremos el bache.
Estos y otros artículos en viuvalencia.com y elperiodicodeaqui.com
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