Bebés robados. / EPDAUno de los edificios valencianos más emblemáticos envueltos en leyenda es el antiguo Hospital de la Cigüeña, al que se atribuyen supuestos fenómenos paranormales, como la aparición de una «dama blanca». Sin embargo, más allá del folclore, su historia real resulta mucho más inquietante y profundamente humana.
Lo verdaderamente siniestro es la memoria negra que rodea a este antiguo hospital de maternidad y a otras instituciones valencianas como la Casa Cuna Santa Isabel, el antiguo Hospital La Fe y el General Sanjurjo —hoy Hospital Doctor Peset Aleixandre—. En ellas se inscribe una trama prolongada de robos de recién nacidos, marcada por la deshumanización, el abuso de poder y el silencio institucional.
En Valencia existen más de 2.000 diligencias relacionadas con estos casos, muchas de ellas archivadas o bloqueadas durante años por intereses personales, políticos o corporativos. Miles de niños desaparecieron sin dejar rastro. En algunos cementerios, las supuestas tumbas de recién nacidos estaban vacías o carecían de documentación fiable, lo que alimentó la sospecha de que nunca hubo un cuerpo que enterrar.
El patrón se repite en numerosos testimonios: a las madres se les comunicaba que el bebé había muerto poco después del parto, pero no se les mostraba el cadáver, alegando razones médicas o administrativas inverosímiles. En muchos casos, los certificados de nacimiento y defunción eran contradictorios o inexistentes.
Las investigaciones y denuncias apuntan a la existencia de redes organizadas en las que participaban médicos, matronas, monjas, funcionarios de cementerios y personal administrativo que actuaban como intermediarios entre hospitales y familias adoptantes, muchas veces al margen de la legalidad. Lo más aberrante es que algunos testimonios señalan que el niño podía incluso ser «devuelto» si el comprador no quedaba satisfecho.
Este fenómeno no fue exclusivo de Valencia, pero la ciudad es uno de los focos mejor documentados. Se estima que entre el final de la Guerra Civil y finales de la década de 1980 pudieron desaparecer en España más de 300.000 niños, la mayoría recién nacidos. Aunque no existe un censo definitivo, varios casos valencianos han sido confirmados mediante pruebas de ADN, demostrando que no se trata de una leyenda urbana, sino de una realidad histórica.
Hoy, muchas causas siguen sin resolverse. La falta de archivos, el paso del tiempo y la muerte de los responsables han dificultado la justicia. Lo que permanece es una herida abierta en la memoria colectiva de Valencia, una ciudad que aún busca verdad, reparación y nombres para sus ausencias. Afortunadamente, algunas consiguen dar con sus progenitores, pero solo unos pocos. Queda mucho por hacer…
Comparte la noticia
Categorías de la noticia