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LEOPOLDO BONÍAS

Carthago delenda est

Comisario de Policía Local
- 08/06/2019
Leopoldo Bonías Leopoldo Bonías

Hay frases que cada vez están más en desuso. Tal es el caso de la famosa locución latina con la que siempre terminaba los discursos Catón ´El Viejo´ en el Senado Romano; "Carthago delenda est". Cualquier intervención, con independencia de su contenido, siempre era finalizada por el también apodado ´El Censor´ en los últimos años de las guerras púnicas con un recuerdo a lo más importante, a lo más apremiante e imperioso para la supervivencia de Roma, que Cartago tenía que ser destruida con su célebre "Ceterum censeo Carthaginem esse delendam" (Y además opino que Cartago debe ser borrada). 

Esta expresión, popularizada con el célebre "Carthago delenda est", se utiliza en la actualidad para expresar una idea que por ser esencial su consecución se persigue sin descanso. José Ortega y Gasset publicó en 1930 en el diario El Sol –periódico liberal que acabó derivando al comunismo- su famoso artículo de la "Delenda est Monarchia", tras la dictablanda de Berenguer. 

Para el eminente filosofo liberal, en aquellos momentos lo esencial para el Estado era un cambio de régimen en donde se sustituyese la Monarquía por una República que luego le decepcionó al instaurar lo que él denominó el imperio del plebeyismo, que es la peor de todas las tiranías.

Esta semana se está insistiendo muy acertadamente en los diferentes medios de comunicación en la desatención que en algunos casos están sufriendo las personas más débiles y desamparadas. En televisión, un conocido cocinero metido a justiciero gastronómico saca a la luz las malas condiciones alimentarias de las personas internadas en colegios de educación especial o residencias para personas de la tercera edad. Afirma categórico frunciendo el ceño con acierto: "Aquí alguien no está haciendo bien su trabajo". Y es que las comidas que se sirven no son equilibradas ni de buena calidad. 

En la prensa escrita se denuncia la mala atención que reciben a través del servicio de atención domiciliaria las personas mayores que viven solas. "En algunos casos llega antes la comida que el trabajador que tiene que ayudar al anciano a comer", señalan. Cada técnico tiene que atender a entre 150-200 personas y el tiempo en la lista de espera es cada vez más largo. 

Por otro lado son cada vez más personas las que acuden a la Casa de la Caridad de Valencia y los recursos no son ilimitados. Los trabajadores sociales están haciendo lo que pueden, pero, ¿será verdad que alguien no está haciendo bien su trabajo? Y cuando lanzó esta pregunta no me refiero a los ejecutores del trabajo en sí, los técnicos y voluntarios que llegan hasta donde llegan con los medios que disponen, sino a los que promueven políticas sociales que producen un efecto llamada para que España se convierta en la nación del refugiado, cuando no se disponen de medios ni para dar una atención decente a los autóctonos

Hace años, los servicios de atención a los desfavorecidos recibían el nombre de Beneficencia. Esta denominación, que para muchos tenía un matiz despectivo, fue sustituida por la de Servicios Sociales. En el afán de dar un paso más, las delegaciones y consejerías competentes en esta materia pasaron a denominarse de Bienestar Social, pero, como dice el refrán, y todos los refranes son sentencias, "aunque la mona se vista de seda, mona se queda".

En lugar de cambiar los nombres de los servicios de ayuda a los mas necesitados, muchos son los que piensan si no sería mejor analizar la situación y diseñar una estrategia adecuada que permita atender con eficiencia las necesidades actuales sin tener que recurrir a abaratar precios en alimentos y en sueldos de técnicos aumentando la plantilla. 

Si hay un efecto llamada para refugiados y no se dispone de medios siquiera para atender a los que toda la vida han vivido en su tierra, no tendremos más remedio que dar la razón al televisivo Alberto Chicote y concluir que alguien no está haciendo bien su trabajo. Si no, podemos contemplar que algún cargo público no tenga más remedio que concluir todas sus intervenciones emulando a Catón con una frase donde diga "y además opino que la Administración debe dar máxima protección a los indefensos".

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