En la política valenciana nunca faltan quinielas y rumores. El Partido Popular, pese a su consolidación en las últimas elecciones, sigue atrapado en un debate interno de futuro: ¿qué papel deben jugar sus principales referentes? Si Carlos Mazón no repitiera como candidato -cuanto más tiempo está al frente de la Generalitat, más opciones tiene- la posibilidad de que María José Catalá, actual alcaldesa de Valencia, encabece una candidatura a la Generalitat Valenciana, mientras que Francisco Camps aspire a recuperar la alcaldía de la capital, es una hipótesis que circula en tertulias y corrillos políticos. Porque el partido deberá darle una salida a Camps si quiere desactivarlo como candidato a la presidencia del PPCV. Y si no es Catalá ni Camps, ¿de verdad Juan Carlos Caballero, por muy guapo que sea, es una alternativa para sustituir a la ex alcaldesa de Torrent?
A simple vista, la fórmula parece un movimiento arriesgado pero no imposible. Catalá ha demostrado capacidad de gestión en el Ayuntamiento y cuenta con un perfil institucional sólido. Es alcaldesa de la tercera alcaldesa de España y cuenta con buenos apoyos en Madrid. Tras años de desgaste en el Consell, el PP necesitará un rostro capaz de transmitir renovación y estabilidad en caso de que Mazón no remonte. Sin embargo, trasladar a Catalá de la alcaldía a la Generalitat supondría dejar vacante el bastión municipal más importante del partido, un riesgo que solo tendría sentido si la alternativa al frente del consistorio fuera igualmente potente.
Ahí es donde aparece el nombre de Camps. Tras sus absoluciones judiciales y su lento retorno a la vida pública, el expresidente de la Generalitat insiste en que su tiempo no ha pasado. Recuperar la alcaldía de Valencia, cargo que ya ocupó Rita Barberá durante décadas, podría ser para él la vía de regresar al primer plano. No obstante, no puede ignorarse que su figura sigue siendo polémica: para unos representa la etapa dorada del PPCV, para otros un pasado del que el partido intentó despegarse. Camps siempre puede presentarse por un partido independiente y ser llave de gobierno.
El verdadero problema radica en la difícil relación personal y política entre Camps y Catalá. Ambos se necesitan para articular una estrategia ganadora, pero su coexistencia en puestos de máxima visibilidad podría tensionar al partido más de lo que lo fortalecería. El PP ha trabajado en los últimos años por proyectar una imagen de unidad y pragmatismo, y abrir un nuevo frente interno no parece el mejor camino.
¿Existen otras alternativas? Sí. El PP valenciano cuenta con una segunda línea de cargos en ascenso —consejeros autonómicos, diputados provinciales y alcaldes de capitales de comarca— que podrían dar un paso adelante si Génova busca un relevo sin cargas del pasado. ¿Elena Bastidas, Alfredo Castelló, Vicente Mompó? También es probable que la dirección nacional prefiera consolidar a Catalá en Valencia , donde ha logrado una mayoría sólida, y reservar la candidatura a la Generalitat para un perfil más joven, capaz de conectar con un electorado amplio.
En definitiva, el dilema no es solo quién puede ganar las elecciones, sino qué imagen quiere proyectar el PP en la Comunitat: la de renovación o la del retorno a viejas glorias. Y ahí la convivencia entre Catalá y Camps es, hoy por hoy, más una incógnita que una solución.
Camps y Catalá las dos C ganadoras, con permiso de Mazón, que va recuperándose lentamente.
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