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Fallas es epítome de fiestas. Suma, en una semana corta que en la práctica se estira en dos largas, espectáculo, fervor, exaltación cromática, bullicio, diversión, marabunta, explosión (literal) y muchos más sustantivos -con múltiples connotaciones- que podrían definirla. No obstante, también significa línea de salida para todo lo que vendrá a continuación.
Aunque las Fallas sobresalgan como la celebración internacional, abanderan muchas otras de tinte más autonómico o local. Detrás cronológicamente, y este año más próximas en el tiempo que otros, procesionan por las calles del distrito Marítimo, con silencio y devoción, las cofradías para celebrar las fiestas de Semana Santa. Luego, los altares demuestran la aptitud actora de cientos de niños que declaman con el fin de rememorar los milagros y evocar la figura histórica de San Vicent Ferrer.
La primavera exhibe la amplia exuberancia festera de Valencia, aunque a dosis menos copiosas que los actos josefinos. La ciudad se ornamentará en mayo con sus cruces florales y vibrará con la adoración a la Virgen de los Desamparados. Posteriormente saldrá a la calle en el céntrico barrio de la Xerea para preservar su fiesta más antigua (la de Sant Bult), mostrará su imaginación en disfraces y ‘rocas’ con el Corpus o se embriagará de buen tiempo en San Juan con la intención existencial de saludar la entrada del verano.
Suponen únicamente algunos ejemplos de acontecimientos lúdicos con mayor o menor arraigo y con extensión de barriada (la Fiesta de los Niños de la calle San Vicente, por ejemplo, se denomina como una vía urbana porque se circunscribe a ella), de ciudad o de autonomía. Todos se caracterizan por la participación, por la implicación con la que los viven, se agotan y disfrutan quienes los organizan y la curiosidad y sorpresa que generan en quienes los contemplan, en muchos casos convecinos que, pese a habitar la urbe desde hace décadas, los desconocen.
Son muchos y variados, como pudo comprobarse en el I Encuentro de Fiestas y Tradiciones de Valencia orquestado a principios del pasado mes de febrero por la entidad EOS que preside Francisco Celdrán. Esa cita buscaba aunar a las entre 80 y 90 celebraciones que engloba la metrópoli, sin olvidar la veintena larga de pedanías incluidas en sus lindes. Sí, Valencia brilla mundialmente por las Fallas; no obstante, luce interiormente también por otros numerosos festejos.