Antonino Muñoz. / EPDAEn Sagunto, la limpieza no debería ser un lujo ni un motivo de indignación diaria. Sin embargo, la realidad es que nuestra ciudad sigue sufriendo un abandono que salta a la vista en cada barrio, en cada playa y en cada calle donde crecen hierbas, plagas y suciedad acumulada. Y lo más grave es que no se trata de falta de esfuerzo de los trabajadores de la SAG, que cumplen su labor con dedicación a pesar de las dificultades; hablamos de una gestión política que ha fallado a los vecinos y vecinas.
El equipo de Gobierno ha hecho la vista gorda ante el mayor problema cotidiano de la ciudad. La empresa pública de limpieza, lejos de ser la “salvación” que prometieron con el cambio de gerencia, se ha convertido en un símbolo de la improvisación. Sus propios trabajadores denuncian la falta de medios y mejores condiciones, mientras los barrios se sienten abandonados y los comercios asfixiados por tasas desorbitadas.
Hablamos de una subida de la tasa de basura que roza el 113 % en solo un año: de 52 euros en 2024 a 111 euros en 2025. Y, como si fuera un juego de humo y espejos, anuncian bonificaciones para 2026 como si eso compensara el golpe anterior al bolsillo de los vecinos. Lo que ayer era “imposible”, hoy se presenta como “logro” de gestión.
Pero la situación no mejora con más dinero. La SAG ha aumentado su presupuesto hasta los 19,8 millones de euros, un 17 % más que en 2025, ¿seguirán siendo los resultados igual de decepcionantes? Cada año se invierte más, pero la ciudad no mejora. Crecen los gastos en asesorías, auditorías y comunicación, mientras faltan operarios y maquinaria moderna en la calle.
Lo que hace falta es una revisión integral del modelo de gestión de la SAG: más eficiencia, planificación y transparencia. Sagunto merece una ciudad limpia, segura y digna, donde los trabajadores tengan medios adecuados para trabajar y los vecinos vean que sus impuestos se traducen en mejoras reales.
Nuestra ciudad no merece promesas vacías ni bonificaciones que intentan maquillar la realidad. Sagunto merece respeto y una gestión que esté a la altura de su historia y de su gente.
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