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LEOPOLDO BONÍAS

Cuando ponerse el uniforme es un castigo

Comisario de Policía Local
- 26/01/2019
Leopoldo Bonías Leopoldo Bonías

Recuerdo la conferencia que dio en Valencia, en un congreso internacional de policía organizado por el ayuntamiento, Louis Anemone, el que fuera jefe del Departamento de la Policía Metropolitana de Nueva York entre 1995 y 1999. Me impresionaron sus dotes didácticas y su capacidad para destilar pasión por la profesión de policía durante toda la conferencia. 

Explicó el espectacular descenso de la criminalidad obtenido en la capital neoyorkina poniendo en práctica lo que se ha denominado la "teoría de los cristales rotos" en donde se hacía hincapié en el entorno urbano para crear una percepción de seguridad subjetiva en los ciudadanos en proporción inversa a la sensación que dichas medidas causaban en los potenciales delincuentes mediante la limpieza en las calles, iluminación adecuada, ausencia de residuos, etc.. 

La llegada de Rudolph Giulianni a la alcaldía de la ciudad de los rascacielos conllevó la implantación de lo que se denominó la policía de proximidad al regresar al patrullaje a pie, devolviendo a los policías el orgullo de patrullar las calles en contacto con los ciudadanos dejando de ser esclavos del teléfono de emergencias 911 al que les había abocado el patrullaje únicamente en vehículos.

Me llamó la atención sobremanera que el jefe Anemone compareciera vestido con el uniforme de la Policía Metropolitana de Nueva York y no porque en sí misma se tratara de una conducta extraña, sino porque acostumbrados como estamos a ver evitar vestir el uniforme a la mínima ocasión que se nos presenta, no suele ser habitual ver dar una conferencia – y menos en un país extranjero – con el uniforme reglamentario.

Me ha venido a la cabeza Louis Anemone al encontrarme recientemente con un mando de la escala superior de la Policía Local de un importante municipio de la Comunidad Valenciana que ha estado casi 20 años de jefe en otros de menor entidad. La conversación acabó indefectiblemente hablando de temas policiales. 

El hombre, con mas de 35 años en la Policía Local, tras afirmarme "yo estoy en la Policía porque quise estar en esta profesión y no en otra", me contó una anécdota que le ocurrió no hace mucho. Resulta que le han asignado un destino donde no tiene que llevar el uniforme y fue visto fuera de su lugar de servicio por un concejal del ayuntamiento que rápidamente contactó con el jefe del Cuerpo, el cual, en lugar de contener y tranquilizar al edil manifestándole que los miembros de la Escala Superior prestan servicio en horario full time y si se había ausentado de su lugar de servicio el asunto no tiene mayor importancia porque también realiza otros servicios fuera de la jornada asignada, procedió a llamar inmediatamente a mi compañero para pedirle explicaciones.

Lo hizo visiblemente molesto, hasta el punto de indicarle que no iba a tener más remedio que ordenarle ponerse el uniforme si se repetían hechos análogos con un tajante "ya estás advertido" como si el ponerse el uniforme fuera un castigo para mi amigo. Mi compañero le manifestó al jefe que al día siguiente operaban a su madre y no había solicitado permiso retribuido por enfermedad familiar e iba a utilizar una licencia de libre disposición.

Se quedó esperando la respuesta de un hombre justo, que no debió de ser otra que decir: "muy bien. De la misma que no tolero que realices actividad alguna en horario de servicio por escaso tiempo que utilices, ahora mismo llamo para anularte el día de libre disposición que has pedido y en su lugar te pongan permiso por enfermedad familiar". No fue así, antes al contrario y sin interesarse lo más mínimo por la gravedad de la dolencia que padecía la madre de mi amigo y con comentarios inadecuados tratándose de un familiar de primer grado de éste le dijo; "No me vas a conmover".

El jefe de esta gran ciudad no es que sea mala persona, pero quizás le vendría bien una clase particular de Louis Anemone donde le explicase que el horario de 8 a 15 horas de lunes a viernes puede ser bueno para un oficinista de un banco pero no para los miembros de la Escala Superior de la Policía Local.

También le podría ser de utilidad la lectura del poema el Sitio de Breda de Calderón de la Barca. El contenido de alguna estrofa puede ser muy ilustrativo cuando tenga que amonestar a policías que visten con orgullo el uniforme que con sus méritos y sus deméritos portan, como la que dice así;

"Nunca la sombra vil vieron del miedo

y aunque soberbios son, son reportados.

Todo lo sufren en cualquier asalto,

Sólo no sufren que les hablen alto"

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