Escuchar es una facultad congénita en mí. Ya desde muy niña he gozado oyendo para poder analizar actitudes humanas, entender el porqué de muchas cosas y fomentar el diálogo. Soy una mujer muy sociable, me encantan las relaciones humanas. A mi humilde parecer, todo el mundo puede aportarme algo positivo, algo que aprender y, todo eso se fue al traste cuando, tras padecer el derrame cerebral, por las fugas provocadas de uno de los angiomas cavernosos que padezco perdí el sentido del oído.
El angioma cavernoso es una lesión venosa en las venas del cerebro. Una especie de morita la cual en ocasiones tiene fugas. Cuando estas drenan a otra vena no ocurre nada, el cuerpo las reabsorbe, pero, cuando los avatares de la vida, los nervios… provocan más intensidad y frecuencia en las hemorragias, el derrame cerebral aparece sin remedio.
Salí de la operación perfecta, pero, a los pocos días el sentido de la audición lo perdí completamente por ambos oídos. ¡Imaginaos el susto que me llevé! Por parte de mi familia paterna muchas personas tienen problemas en los oídos, pero aún tenía el susto en el cuerpo por esas cuatro horas en quirófano las cuales fueron causa firme de salir con la cabeza abierta y de una epilepsia controlada con pastillas. El ordenador me ofrecía respuestas, pero no seguridad.
El médico es una persona quien ha hipotecado su vida por la salud del ser humano y eso lo había constatado hacía poco tiempo pues, como veis, mi neurocirujano no me negó ninguna explicación. Ante tanta inseguridad pedí cita con mi médico de familia quien inmediatamente me hizo un volante para el Hospital Clínico de Valencia.
El día de la cita, al entrar en la consulta, mi rostro se iluminó con una sonrisa entrañable y dulce. D. Jaime Marco Algarra, había operado a mi Padrino de confirmación, el Padre Amadeo Soler, hace más de 20 años de una traqueotomía, lo enseñó a vivir con la dificultad que conllevaba esa deficiencia, pero el doctor lo consiguió, se comunicaba, comía, se valía autónomamente y sin dificultades.
Rápidamente se percató de mi angustia. Él también entiende de la diferencia entre los denominativos oír y escuchar. Este licenciado en Medicina y Cirugía por la Universidad de Valencia, quien realizó la Residencia en el Hospital Clínico Universitario en el cual ahora ejerce como Jefe del Servicio de Otorrinolaringología, al reconocerme inmediatamente me explicó con palabras claras, llanas, comprensibles lo que estaba sucediendo.
Mis conductos auditivos eran muy estrechos y estaban invadidos de eczemas, una especie de tela de araña me hizo saber. El tratamiento conllevó unas gotas que poco a poco se han ido espaciando y una visita mensual, la cual también se ha hecho más distante.
En su biografía hay títulos diversos, fue profesor titular de ORL del Hospital Clínico Universitario desde 1985. En el año 1992 es nombrado Jefe de Servicio y, en 1994 catedrático de ORL en esta universidad. Es miembro de la Real Academia de Medicina de la Comunidad Valenciana.
Tiene becas diversas, muchas relacionadas con el departamento de Cabeza y Cuello. Entre otras la de la Consejería de Educación y Ciencia de la Generalidad Valenciana. En su biografía se unen diferentes estudios de hipoacusia en diversos lugares del mundo con procesos de investigación o su presencia en distintas entidades universales. ¡Incluso es editor y autor del libro blanco para la detección de la Hipoacusia en recién nacidos!
Esta biografía pertenece a un verdadero caballero sin ninguna tontería. Para mí las visitas al otorrino se han convertido en algo incluso entrañable, y encima salgo oyendo ¿Qué más se puede pedir?
El cariño entre ambos se ha forjado a fuego lento entre el aspirador y la cera, o esas limpiezas impetuosas con un único objetivo mi sentido de la audición en su plena potencia. Naturalmente conoce de mis patologías y me anima cuando la moral me baja al ir al oncólogo. Sus palabras son gasolina para meter la primera y arrancar, a plena potencia.
Doy gracias a Dios por este regalo del cielo. Yo soy su Ali, a él le he regalado todos mis libros pues al oír, he podido escuchar y la consecuencia necesaria pues es algo intrínseco a mi personalidad, ha sido redactar. Son también un poco suyos D. Jaime. Gracias por devolverme las ganas de vivir y por convertirse además de en mi otorrino, en un tío por el cariño más entrañable. Clamo al cielo por más profesionales de su valía y personalidad.
Con todo mi cariño, va por usted.
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