Susana Gisbert. /EPDAEl otro día se cumplían 140 años de las primeras llamadas telefónicas. El teléfono llegaba a la vida de nuestros antepasados sin que imaginaran que se convertiría en algo esencial en nuestras vidas.
Por supuesto, cuando llegó era un verdadero lujo que estaba al alcance de unos pocos. Lo podemos ver en series y película de época en que aparecen esos aparatos tan bonitos que podían ser elementos de decoración. Poco a poco se fueron instalando en lugares públicos para que uso común en situaciones especiales y después se instalaron en todos los hogares hasta hoy, en que han pasado de ser un bien de una familia a ser un elemento estrictamente personal, de la inmovilidad de una casa o un despacho a vivir en los bolsillos de todo el mundo.
El teléfono pasó a ser un elemento tan presente en nuestras vidas que la onomatopeya de su sonido -piticlín, piticlín- era el inicio de algunos de los más celebrados sketches de aquel Un dos tres, responda otra vez que marcó a varias generaciones. Todavía se recuerda al otrora famosísimo Bigote Arrocet por aquellos chascarrillos.
Antes de él fue el inolvidable Gila quien convirtió el teléfono en un elemento más de sus representaciones. Aquel “Buenas, ¿es la guerra?” forma parte ya de la memoria colectiva. Y es que era absolutamente genial.
No fueron los únicos, desde luego. Canciones, películas y hasta libros tenía por protagonista a ese auricular que hoy ha desparecido, integrado en el propio terminal.
Y es que a través de llamadas telefónicas nos hemos enterado de los acontecimientos más importantes de la vida. Nacimientos y defunciones, premios, o resultados de cualquier tipo de pruebas eran comunicados, en primera instancia, por teléfono. Así es como nos enterábamos de que habíamos aprobado las oposiciones o cuál era nuestro destino. Y, aquí en Valencia, si hablamos de “la llamada” casi todo el mundo sabe que es la que hace la alcaldesa o el alcalde a la que va a convertirse en Fallera Mayor de ese ejercicio.
Hoy en día los teléfonos, más conocidos por su apellido “móvil”, siguen siendo una parte esencial de nuestras vidas. Tanto, que no hay persona mayor de edad que no disponga del suyo propio -he visto hasta a personas sintecho con su propio móvil- y, en cuanto a menores, el acceso a uno se convierte en uno de los más recurrentes motivos de broncas paternofiliales. Aunque es cierto que hoy se usan para todo menos para telefonear en sentido tradicional, pero la mensajería y las redes sustituyen esa función de la telefonía que continúa, la de poner en comunicación a personas más allá del contacto físico.
Así que, feliz cumpleaños, teléfono. Por muchos más.
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