Juicio en la Audiencia de Valencia contra el acusado -en la imagen- de matar al canónigo emérito de la catedral de València en su casa del centro de la ciudad y robarle después unas tarjetas para sacar dinero y hacer compras. EFE/Ana Escobar
El único acusado de asesinar en enero de 2024 al canónigo emérito de la Catedral de València ha negado haber matado al religioso y ha reconocido que sacó dinero de sus tarjetas bancarias, que le dio, junto al teléfono móvil del fallecido, otro hombre que no ha sido identificado.
En la penúltima sesión del juicio en la Audiencia de Valencia contra el acusado de asesinato, estafa y robo con violencia, el fiscal ha expuesto ante el jurado popular que los dos hombres fueron a casa del fallecido, en la calle Avellanas -en pleno casco histórico y a escasos metros del Palacio Arzobispal y la Catedral-, y el otro hombre lo mató pero el acusado estuvo "en todo".
El fiscal ha señalado que no hay manera de saber si lo que dice el acusado respecto al otro hombre es cierto pues todas las pruebas exculpatorias han desaparecido, incluido el móvil del acusado que, según este ha dicho hoy, le robaron.
"No iba solo, pero iba. No estuvo solo pero estuvo arriba -en la casa del canónigo-. Y no le apretó el cuello pero sabía que lo iban a matar y estuvo allí", ha defendido.
Según el fiscal, el acusado se deshizo de su teléfono pues la última conexión data del día 24 de enero en la avenida Pérez Galdós, dos horas antes de ser detenido en un hostal próximo y de que la Policía hubiera ido al establecimiento a preguntar.
El acusado ha afirmado que el 21 de enero de ese año había quedado con otro hombre para ir a trabajar al campo al día siguiente y cuando se encontraron, ese hombre le dijo que el sacerdote se había quedado dormido y le dio las tarjetas bancarias del canónigo y su móvil desbloqueado, y le dijo que intentara averiguar la clave bancaria para obtener dinero y repartirlo, ha declarado.
Ha dicho que no fue hasta un día o dos días después cuando se enteró de que estaba muerto. Con el canónigo, al que ha definido como una persona respetuosa, nunca tuvo ningún problema ni le propuso "nada extraño", ha asegurado a preguntas del fiscal.
El asesinato de este sacerdote de 79 años se produjo la noche del 21 de enero de 2024 y su cadáver fue encontrado dos días después en su cama, con signos de violencia por asfixia. Al día siguiente fue detenido un hombre de 34 años como sospechoso del crimen, que hoy se ha declarado inocente ante el jurado popular y ha dicho que desde que le bloqueó el teléfono, un mes antes de la muerte, no lo volvió a ver.
La muerte de A.L.B. relevó que podría haber mantenido una vida oculta alejada de la espiritualidad y ejemplaridad que se le presuponía como religioso, cuyas consecuencias podrían estar estrechamente relacionadas con su muerte. Según las averiguaciones policiales y el relato de vecinos el canónigo supuestamente solía mantener relaciones sexuales con varones a cambio de dinero.
El acusado, en prisión provisional, sí ha reconocido haber usado fraudulentamente la tarjeta de la víctima y haber entregado 900 o 1.000 euros al otro hombre. Con ella hizo cuatro reintegros en el cajero automático, dos de ellos de 300 euros y otros dos de 600 -un total de 1.800 euros-, de los que 875 le fueron intervenidos por la Policía.
También hizo compras y consumiciones que pagó con la tarjeta, por un importe total de 527 euros, por lo que el total defraudado ascendería a 2.327 euros.
Por su parte, la defensa del acusado ha sostenido que en este caso ha habido una falta de celo investigador de la Policía y, ante la acusación de no haber hecho más desde su parte para demostrar la existencia del otro hombre, ha argumentado que sus recursos son limitados.
Ha indicado que el portador del móvil del sacerdote es quien lo mató y que no se ha hecho un trabajo exhaustivo para encontrar a esa segunda persona.
A su juicio, la investigación ha sido "precipitada" al tratarse de un caso con repercusión mediática e interés en pasar página pronto, antes de que "el cajón de la porquería siguiera saliendo", y por ponerse la medalla de haber resuelto el asesinato en 24 horas.
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