El Agente Secreto. / EPDADos Globos de Oro, cuatro nominaciones a los Óscar y los galardones obtenidos en Cannes constituyen avales suficientes para recomendar este estreno aun sin haberlo visto. No obstante, aunque estamos ante una buena película, si se atiende únicamente a esos reconocimientos, las expectativas que genera son demasiado elevadas. Vaya por delante que el título puede resultar engañoso si el público lo asocia al cine de espionaje en el sentido clásico. Al principio así parece, pero cuando, avanzado el metraje, destapa los secretos del protagonista, la trama se inclina hacia un thriller político con trasfondo social.
Brasil, 1977. En plenos carnavales Marcelo viaja a Recife, donde su pequeño hijo Fernando vive con sus suegros. Al llegar, se hospeda en la pensión que regenta doña Sebastiana. Allí se alojan varios refugiados perseguidos por la dictadura. Los contactos que le han proporcionado le permiten entrar a trabajar en el Registro Civil, situado junto a una comisaría. Ignora que un par de sicarios le están buscando.
Durante la primera hora apenas ofrece pistas del pasado de este hombre afable, que añora a su difunta esposa. Solo sabemos que ha huido y necesita cambiar de vida. Invita al espectador a elucubrar acerca de lo que oculta. Pese a que estira el primer capítulo (La pesadilla del niño), de los tres en los cuales se estructura el filme, introduce diversos elementos que captan la atención.
Los distintos secundarios que se suman a la intriga, la atmósfera de miedo contenido y algunos episodios violentos sostienen el relato. A ello también contribuye la anécdota sobre la pierna humana hallada en el estómago de un escualo, vinculada a una popular leyenda urbana y convenientemente ligada con Tiburón. Con todo, cabe objetar que alarga determinados pasajes accesorios totalmente prescindibles, extendiéndose hasta los 158 minutos.
En cualquier caso, va incorporando circunstancias desasosegantes, sin descuidar la descripción del panorama opresivo que soportaba el país. Los mejores momentos se suceden en los compases finales. La acción contundente y cruda toma la pantalla. Redondea la historia con un epílogo emotivo, que deja gratas sensaciones.
La ambientación no admite reparos y, además, el director Kleber Mendonça Filho (Doña Clara) ha elegido acertadamente unos objetivos antiguos, que proporcionan las texturas del celuloide de antaño.
Wagner Moura (Tropa de élite, Narcos) encabeza un solvente y numeroso reparto. El premiado actor acredita sobradamente los premios recibidos por este papel.
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