Papa Luna. / EPDAPedro Martínez de Luna, más conocido como el Papa Luna, se alza como uno de los personajes más herméticos y controvertidos del final de la Edad Media. En pleno Cisma de Occidente, cuando la Iglesia se fracturó, el mundo cristiano se sumió en el caos, este hombre se negó a doblegarse ante reyes y concilios. Convirtió el castillo de Peñíscola en su último bastión de resistencia, un peñón inexpugnable donde, ya anciano y rodeado de silencios, defendió su legitimidad hasta su muerte en 1423. Ese aislamiento extremo, marcado por la traición y la fe inquebrantable, es el caldo de cultivo de los misterios que todavía hoy, seis siglos después, parecen impregnar los muros de la fortaleza.
Edificado sobre la antigua alcazaba árabe, el castillo actual fue levantado por los enigmáticos Caballeros Templarios entre 1294 y 1307, poco antes de que su orden fuera brutalmente erradicada. De esa herencia templaria sobrevive uno de los misterios más persistentes: la existencia de una escalera secreta excavada en las entrañas de la roca. La leyenda asegura que fue construida con una rapidez casi sobrenatural, una proeza de ingeniería imposible para la época, destinada a ser una vía de escape hacia el mar en caso de asedio. Aunque los investigadores han hallado galerías y accesos ocultos, nadie ha logrado confirmar la ruta exacta de esa salida al abismo, que permanece suspendida entre la realidad histórica y el mito.
A este laberinto de piedra se suma el relato del anillo papal perdido en el Mediterráneo que, durante una azarosa huida nocturna entre los acantilados, el Papa Luna cayó al mar y el símbolo de su autoridad pontificia, el Anillo del Pescador, desapareció bajo las olas para siempre. Nunca fue recuperado, y para muchos, ese sello hundido representa un poder que jamás se extinguió del todo.
Más inquietante aún es la sombra del Códice Imperial, un documento legendario atribuido al emperador Constantino que, según diversas crónicas, contenía verdades capaces de sacudir los cimientos del Vaticano y cambiar la historia de la cristiandad. Se dice que el Papa Luna lo custodiaba con celo,que, tras su fallecimiento, el manuscrito se esfumó sin dejar rastro. Su paradero sigue siendo hoy una de las grandes piezas faltantes del rompecabezas histórico español.
Sin embargo, el enigma más perturbador se manifestó en pleno siglo XXI, demostrando que la sombra de Benedicto XIII sigue viva. Su cráneo, conservado como una reliquia en el palacio de los Argillo en Illueca, fue robado en el año 2000 en un extraño secuestro que incluyó cartas anónimas y peticiones de rescate. La pieza fue recuperada tres años después, pero el misterio no terminó ahí. El cráneo nunca volvió a exponerse públicamente y hoy permanece oculto bajo custodia, separado del resto de su cuerpo, como si incluso después de muerto el Papa Luna se resistiera a descansar en paz o como si su sola presencia siguiera resultando incómoda para el mundo moderno. Cabeza y cuerpo fragmentados, un poder disputado y secretos sepultados por el tiempo; Martínez de Luna parece condenado a existir para siempre en la fisura entre lo sagrado y lo oculto.
En Peñíscola, cuando la noche cae y el castillo se recorta como un espectro contra el cielo, sus enigmas parecen seguir vigilando el horizonte, recordándonos que aunque la crónica terminó, el misterio permanece latente.
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