Ir al contenido principal

El preso número 9

Leopoldo Bonías
Leopoldo Bonías

Añadir El Periódico de Aquí como fuente preferida de Google de forma gratuita.

Activar ahora

Diversos medios de comunicación se han hecho eco días atrásde las acusaciones vertidas contra miembros de la Policía Local de Valencia porla “Campaña CIE no” que defiende el cierre de los Centros de Internamiento deExtranjeros. 

Este colectivo, sin indagación alguna previa, propugna ciegamentela denuncia de un inmigrante ilegal internado en el CIE de Zapadores que afirmahaber sido agredido por los policías locales que le trasladaron al hospitalpara ser atendido de una lesión mientras se encontraba en las dependenciaspoliciales, hecho totalmente inverosímil porque no es la Policía Local la quese ocupa de estos traslados urbanos. 

La numantina defensa del supuesto agredidose hace no sólo ante las autoridades judiciales e institucionales, sino quetambién ante la opinión pública. Se pretende en definitiva paralizar elexpediente de expulsión para que la persona que se encuentra ilegalmente enEspaña pueda ratificar la denuncia cuando sea requerido para ello por laautoridad judicial.

Algunos policías manifiestan que las denuncias por abusos ymalos tratos de las personas internadas en un CIE mientras se tramita suexpediente de expulsión del territorio nacional dirigidas a integrantes de lasFF.CC.SS. tienen como objetivo paralizar la expulsión del supuesto agredido conel pretexto de evitar “que dichasconductas (las supuestamente protagonizadas por los policías) queden impunes”ya que sus denuncias deben ratificarse en sede judicial, cosa que no ocurre siantes son deportados defienden los pro ilegales.

Según se comenta en ambientes policiales, estas tácticasempiezan a ser habituales con el fin deparalizar la deportación del inmigrante ilegal con el consiguiente perjuiciopara los policías denunciados sin motivo alguno y, todo ello, al amparo de supuestos nobles sentimientossolidarios.

José Ortega y Gasset afirmaba que “La bondad de una cosaarrebata a los hombres y, puestos a su servicio, olvidan que hay otras muchascosas buenas con quienes es forzoso compaginar aquélla, so pena de convertirlaen una cosa pésima y funesta”. “Imagínese lo que sería un vegetariano enfrenesí que aspire a mirar el mundo desde lo alto de su vegetarianismoculinario: en arte censuraría todo lo que no fuese un paisaje hortelano; eneconomía nacional sería eminentemente agrícola; en religión no admitiría sinolas arcaicas divinidades cereales; en indumentaria, sólo vacilaría entre elcáñamo, el lino y el esparto, y como filósofo, se obstinaría en propagar unabotánica transcendental”

Las normas jurídicas no deben, en consecuencia, ser unprincipio integral de nuestra existencia al extrapolarlas fuera del derechopúblico. Esta es la conclusión a la que parece llegar el eminente pensadorespañol para evitar engendrar las mayores extravagancias que transforman unaidea buena en mala.

En este contexto , también merece mención especial laentrevista publicada por la Agencia Efe el pasado mes de julio pasado mes dejulio de la paladín del progresismo delos años 70, Joan Báez, la que introdujo en su repertorio la canción “El presonúmero 9”, una canción con una letra anacrónica popularizada por la que fue unicono ideológico progresista que decía así:

“El preso número nueve ya lo van a confesar

Está encerrado en la celda con el cura del penal

Y antes de amanecer la vida le han de quitar

Porque mató a su mujer y a un amigo desleal

Dice así al confesar

Los maté si señor

Y si vuelvo a nacer

Yo los vuelvo a matar

Padre no me arrepiento….”

Un preso que es definido como “un hombre muy cabal” en laletra de esta otrora famosa canción que algunos nostálgicos aún siguen pidiendose interprete en recitales junto a otras de la época como “La barca”, “El reloj” o el tangoargentino “ Cambalache” que parece escrito esta misma mañana y sin embargo esde 1936.

Estas Navidades tuve el placer de almorzar en la Sierra deEspadán con unos entrañables amigos; amigos de verdad. Aprovechamos el viajepara comprar el mejor aceite del mundo que no es otro que el de esa tierracastellonense y mientras degustábamos embutidos a la brasa con pan de puebloacompañados con patatas fritas y ajo aceite casero, uno de los comensales,cantante de profesión, me contó que fue en cierta ocasión interrumpido en unpub de Valencia, cuyo nombre vamos a obviar, por una integrante de las FF.CC.SSque de paisano y placa en mano le espetó que iba a denunciarlo porenaltecimiento de la violencia de género si seguía interpretando la canción. 

Elpúblico prorrumpió en abucheos y la miembra o miembro, o como se diga, de lasFF.CC.SS abandonó el local ante la falta de comprensión del público asistente.Mi amigo, el cantante argentino, extrañado me preguntó si lo podían detener porcantar esa canción en público. 

Fue entonces cuando me vino a la cabeza unafrase de Joan Báez pronunciada en su reciente entrevista, una cantante que seha caracterizado por su compromiso político siempre innegociable en la luchapor las minorías y los desfavorecidos que respondía en la entrevista de juliopasado con una frase que da justo en el clavo para este y otros muchos casosparecidos; “No hay que aplicar la censura, sólo la educación”. Y yo añado estareflexión, ¿está fallando el sistema educativo en España? ¿es normal que en elcolegio se regale un juego de cocina a un niño que no quiere ser cocinero?.


Lo más leído