Preventorio./ EPDAUn edificio rodeado de rumores de misterio y relatos sobrenaturales. Sin embargo, detrás de esas leyendas se esconde una historia mucho más significativa: la vinculada al diplomático José de Rojas y Moreno, cuya actuación ayudó a salvar a judíos perseguidos durante la Segunda Guerra Mundial.
El antiguo Preventorio de Aigües es hoy uno de los lugares abandonados más conocidos de la provincia. El edificio nació en el siglo XIX como parte del complejo sanitario del cercano Balneario de Aigües de Busot. Tras una larga historia, décadas después sería adaptado como preventorio infantil destinado a niños con enfermedades respiratorias, especialmente tuberculosis.
Con el paso del tiempo y el abandono progresivo del recinto, el edificio comenzó a adquirir una fama distinta. Pasillos derruidos, ventanas abiertas al viento y habitaciones vacías alimentaron relatos sobre presencias extrañas, fantasmas de niños, luces en la noche, damas blancas o supuestos fenómenos inexplicables... En la actualidad, el preventorio forma parte del catálogo de lugares «encantados», una etiqueta frecuente en antiguos hospitales o sanatorios abandonados.
Pero la historia más relevante asociada a este lugar no pertenece al ámbito de lo paranormal. Está vinculada a una figura casi olvidada, su propietario: José de Rojas y Moreno, aristócrata alicantino, doctor en Derecho y diplomático que llegaría a ser VII conde de Casa Rojas.
Durante los años de la Segunda Guerra Mundial, Rojas fue destinado como embajador de España en Bucarest entre 1941 y 1943. Allí se encontró con una situación dramática: la comunidad judía, especialmente los sefardíes con vínculos históricos con España, sufría las leyes antisemitas del régimen aliado con la Alemania nazi. Ante aquella realidad, el diplomático decidió intervenir activamente.
Rojas presionó a las autoridades rumanas para proteger a los judíos de origen español y trató de acelerar la concesión de visados que permitieran su salida hacia España. En septiembre de 1941 incluso solicitó a Madrid autorización para emitir visados sin esperar la confirmación del ministerio, con el objetivo de agilizar la evacuación de los sefardíes perseguidos. Gracias a sus gestiones se logró revocar órdenes de expulsión y proteger a varias familias judías con ciudadanía española frente a las disposiciones discriminatorias del momento.
Una de las iniciativas más singulares del diplomático fue colocar en las viviendas de judíos protegidos un cartel con la frase: «Aquí vive un español». Aquella simple señal funcionaba como una forma de protección simbólica ante las autoridades y patrullas antisemitas, evitando detenciones o confiscaciones de bienes.
Décadas después, su actuación fue reconocida por la institución israelí Yad Vashem, que lo incluyó entre los llamados «Justos entre las Naciones», distinción reservada a quienes arriesgaron su posición o su seguridad para salvar judíos durante el Holocausto.
Mientras tanto, el preventorio de Aigües continúa deteriorándose lentamente entre muros quebrados y vegetación. Sus ruinas todavía atraen a curiosos y amantes de los misterios, pero quizá el verdadero enigma sea otro: cómo la historia de un hombre que ayudó a salvar vidas en uno de los periodos más oscuros del siglo XX permanece todavía tan poco conocida.
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