Semana Santa Saguntina. / EPDASoy miembro de una hermandad de Semana Santa de Puerto de Sagunto que en sus orígenes fundacionales sus miembros eran exclusivamente varones pero que ya a finales de la década 1960 es integrada por ambos sexos, es más, es liderada por una mujer como Hermana Mayor, desde hace casi dos décadas. Dicha hermandad vela también por el Cristo de la Fe, de cuyo culto, hace escasos 60 años, se encargaba la Hermandad de Excombatientes de la División Azul, por lo que no se nos puede tachar de no saber adaptarnos y actuar en consonancia a los signos de los tiempos y el espíritu democrático. Otra cofradía es también liderada por una mujer desde hace casi una década. Fui presidente fundador de otra entidad cuya Junta Directiva ha estado compuesta en su gran mayoría por mujeres. Más aún, a colación de la disputa, fui excluído hace 15 años de poder ingresar en una Cofradía “porque sólo eran mujeres”, y entonces no capitaneé ninguna revuelta mediática, precisamente porque un hijo no se enfrenta públicamente con su madre y no saca a relucir sus posibles vergüenzas, poco más tarde, se admitió al sexo opuesto con total normalidad. Y este es el problema de fondo que tenemos en Sagunto. No se trata de si mujeres sí o no, sino de católicos sí o no. ¿En qué se ha convertido la Semana Santa Saguntina? Estoy seguro que la mayoría de los cofrades que el Viernes Santo se visten de riguroso luto no viven la fe que, supuestamente, exteriorizan en las procesiones. Muchos no habrán recibido la confirmación, ni qué decir del precepto pascual, o del plan de vida según la doctrina católica. No nos arrodillamos ante la Eucaristía, pero queremos lucir portando la reliquia más sagrada e importante para un católico: el “Lignum Crucis” o Vera Creu. Vivir el Evangelio nos hiere y molesta en la sociedad actual, pero a la vez, nos aferramos a la “tradición” que nos ha transmitido ese Evangelio, esa forma de entender el mundo y vivir en él. Hablamos de inclusión, cuando en el fondo no estamos dispuestos a vivir según las enseñanzas de Jesús de Nazaret, hablamos, igualmente, de “tradición” cuando tampoco cumplimos ni vivimos en plenitud esa Tradición. Entonces, ¿en qué Tradición queremos incluirnos?
Por otra parte, ¿por qué no se crean nuevas cofradías? ¿Por qué no se festeja externamente la alegría de la Pascua? ¿Hemos olvidado que los cristianos somos seguidores de un resucitado y no de un finado? La procesión es manifestar a la gente aquello que creemos; es decir el Viernes Santo al pueblo saguntino que tan lejos está de aquel Sagunto que levantó el Salvador o Santa María, o l'ermita de la Sang, y tantos otros lugares de piedad sencilla, “¡Cristo murió por ti!”, y el Domingo de Resurrección, “¡resucitó para librarte de la muerte!”. Es el decir a boca llena: “¡La Vida no acaba en el cementerio!” Si no se cree esto, entonces no tiene sentido pertenecer a tal venerable Cofradía, con tanta historia y que tanto bien ha hecho a la grey saguntina. Hablamos de inclusión, de adaptación, de riqueza, de avanzar, pero no planteamos esos cambios que, sin duda, sí enriquecerían más aún la Semana Santa…
La cita “Ecclesia semper reformanda” no se refiere a cambiar los principios doctrinales de la Religión, por tanto, el tema de la inclusión de las mujeres es un asunto a tratar, discernir y susceptible de cambio, pero no lo es el compromiso que se adquiere al profesar la fe el cual nos obliga a guardar los mandamientos viviendo en santidad con la ayuda de los sacramentos. Así, pues, diga varones, mujeres o personas “bautizadas” se refiere a aquellas que vivan según la fe bautismal, por lo que los miembros, actuales y futuros de esa Cofradía deben vivir esta máxima, y si lo hicieran, no serían suficientes las misas dominicales que se celebran semanalmente en Sagunto.
Debatir este tema de esta forma mediática es no haber entendido qué es el Sagrado Triduo, es no saber el Misterio que encierra y la Salvación que nos otorga. Al margen de ello, no sé tampoco si dicho debate se extrapolará a las Hijas de María, o a las Teresianas, o las clavariesas de los Desamparados… O a otras entidades civiles, como, por ejemplo, la asociación de las amas de casa, o de la dona, en las que como su propio nombre indica, se excluyen a los hombres.Tal vez este debate mediático sea sólo una cortina de humo, para ocultar nuestras propias miserias y atacar, una vez más, a la Iglesia.
En última instancia, permitidme decir que es una paradoja por no utilizar otro adjetivo que los hijos y nietos en ideologías de los que hace 95 años prohibieron las procesiones y pompas fúnebres cristianas así como que las mujeres pudieran ejercitar su derecho al voto y que hace 90 años incendiaron las imágenes religiosas y nos expoliaron parte del rico patrimonio, que maltrataban y asesinaban a sacerdotes, llengando incluso algunos a violar a monjas, sean ahora los que se inmiscuyan en el régimen interno de una asociación católica “a favor de la mujer”. Esos mismos que no votan a favor de mociones en reconocimiento del P. Jaime Pons, por ejemplo, por no disociar su realidad sacerdotal de su labor social amparándose en la laicidad, ahora se manifiestan en algo que sólo incumbe a los católicos. Esos mismos que prometen el cargo por imperativo legal y han intentando quebrantar el sistema del 78, pretenden dar lecciones de democracia y constitucionalidad. Como reza el título de un clásico español: “pero… ¡en qué país vivimos!”
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