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La oscarizada cineasta Chloé Zhao (Nomadland) presenta este sólido drama que adapta la premiada novela homónima de Maggie O’Farrell, publicada en 2020. El amor y el dolor se alternan en un relato que conmueve. Habla también de la muerte y su aceptación mediante unos personajes históricos tratados en profundidad. Prima la perspectiva de una madre coraje cuyas reacciones tocan la fibra sensible. Cuenta con unas grandes interpretaciones y recrea convenientemente la época en que se desarrolla.
Stratford-upon-Avon (Inglaterra), 1580. Agnes Hathaway conoce casualmente a un apuesto profesor de latín. Se dedica a impartir clases para poder saldar las deudas de su padre. La irresistible atracción que sienten les lleva a comprometerse y no tardan en casarse. De ese matrimonio nacerán tres hijos, pero comienzan a distanciarse cuando Will se instala en Londres, donde ansía triunfar como dramaturgo. No obstante, el inquebrantable vínculo que les unió antaño se verá realmente puesto a prueba al sufrir una tragedia asoladora.
Desde el inicio toma un prisma femenino, enriqueciendo el habitual y manido retrato del famoso escritor, incluso su apellido no aparece hasta los espléndidos compases finales. Homenajea a la mujer que estuvo detrás del genio, enfatizando sus sacrificios y los pesares soportados. En esa parcela depara unas emociones auténticamente desgarradoras.
Los minutos iniciales adquieren un hermoso tono romántico. Describe a los protagonistas con unos matices de carácter poético. Los paisajes naturales que les envuelven contribuyen a dotarles de cierto cariz bucólico. Ese idilio solo choca con las ásperas discusiones que se desencadenan en sus respectivos hogares.
Se relaja en el tramo central gracias a algunos momentos de plena armonía familiar. Sin embargo, al saltar a terrenos funestos, el desconsuelo implacable se convierte en una indeseable inspiración artística con la que canalizar la aflicción y asumir lo sucedido. El guion brilla al trazar ese tránsito tan difícil; incorpora unas sutiles ensoñaciones y encoge el corazón.
La ambientación no admite reparos. Ya sea al reproducir la casa del autor o el popular teatro The Globe se advierte el encomiable trabajo realizado. A las localizaciones se suman el vestuario, la peluquería y la fotografía.
La actriz irlandesa Jessie Buckley (La hija oscura), justamente galardonada con el Globo de Oro, nos brinda un magnífico e intenso tour de force. Paul Mescal (Gladiator II) le da perfecta replica y se luce en varias escenas. No pasan por alto las intervenciones de Emily Watson (Rompiendo las olas) y Noah Jupe (Un lugar tranquilo), que encarna sobre las tablas al príncipe Hamlet con mucha convicción.
Se presta a un programa doble con Shakespeare enamorado (1998).