Foto de Charles/ EPDADesde que empecé a publicar libros, allá por el año 2011, traté de asistir a eventos literarios para conocer qué personas, qué asociaciones eran el motor de la literatura valenciana. Primero, me dio por escribir crónicas de los actos a los que asistía, que después publicaba en alguna revista; después, comencé a reseñar libros; así llegaron los primeros premios, las primeras invitaciones para participar en actos: recitales, mesas redondas, homenajes, etc. De esa forma comencé a formar parte del círculo literario. Desde el primer día, hubo una persona que siempre estaba en casi todos los eventos, alguien que colocaba una cámara de vídeo en un trípode, le daba a grabar, y se pasaba toda la velada moviéndose de acá para allá para fotografiar —de manera desinteresada— a los protagonistas de los actos. Esa persona era José Carlos Llorens (Charles o Charly, para los amigos), escritor, pintor, conferenciante, locutor de radio, fotógrafo, un hombre del Renacimiento al que no se le resistía nada y todo lo hacía por verdadera vocación.
Desgraciadamente, un infarto fulminante terminó con su vida este mes de diciembre, truncando, a los sesenta y cuatro años, la que —sin duda— habría sido una de las etapas más interesantes de su trayectoria vital, pues pensaba jubilarse en 2026 para poder dedicarse por entero a la cultura. Asociaciones culturales valencianas, como el Ateneo Blasco Ibáñez, Torrent de Paraules, Unión Nacional de Escritores, La Platea, Amigos de la Poesía (de Silla y Valencia), y grupos poéticos de diversa índole, contaron con su constante colaboración y apoyo. De manera asidua se involucraba en proyectos culturales, como exposiciones de pintura y fotografía, incluso actuaba como actor en representaciones teatrales. Por citar un solo hito, de los muchos que tiene en su haber, recuerdo con admiración el empeño y la profesionalidad que invirtió para organizar y presentar el primer Festival Hispanoamericano Arthiam 2013. En aquella ocasión, música, poesía y danza se unieron en una suerte de comunión fraternal que para los que tuvimos la suerte de presenciar, quedará para siempre en nuestro recuerdo.
Porque Charles era el hombre de detrás de la cámara, pero también conseguía brillar delante de ella. Todos echaremos de menos sus monólogos de humor, su personalidad chispeante, su generosidad. Fue una persona carismática, de esas que uno piensa que siempre van a estar ahí, pero los vericuetos del destino les obligan a marcharse de repente, con la agenda llena de proyectos, sin despedirse. Creo que hablo por todos los que le conocimos y tratamos, si afirmo que José Carlos Llorens era una buena persona, un activo gestor cultural que ha dejado un vacío, sobre todo, en nuestros corazones. Sirvan estas palabras, llenas de agradecimiento y amistad, como un pequeño homenaje.
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