José Delás Giner. / EPDAHoy 29 de marzo, hace un año, mi vida volvió a teñirse de negro y lágrimas. Ese padre regalo del amor, mi suegro, respondió a la llamada de Cristo. Ley de vida, pues contaba 93 años de edad, pero ese carácter, cariñoso, afable, trabajador… son muchos los apelativos aplicables al padre de mi marido y, todos buenos, de hecho, era tan sencillo que todo el mundo lo llamaba Pepe, me hace recordarlo cada día y, siempre con cariño.
El apellido Delás en Valencia va forzosamente unido al mundo de la bicicleta, hizo historia. Esa Peña Ciclista Delás, fundada por el abuelo de mi esposo Francisco Delás Rodrigo fue cimiento de otras nacidas a posteriori como el Veloclub y allí recibieron como un tesoro cada copa regalo de mi marido ligada a diferentes torneos organizados en tiempos pasados.
juventud no provocó en mí ningún interés por el mundo de la bicicleta. Mi suegro, con mucha paciencia, me explicó lo completo de ese deporte, aún recuerdo sus palabras: Cariño, en la bici entra en juego ¡todo! Brazos, piernas, respiración…
Cogida de su mano aprendí el arte de conseguir de la bicicleta un modo de transporte seguro. El cuadro debe estar bien hecho y dependiendo de si es para un hombre o para una mujer, es más cómodo formateado de una manera o de otra. La cadena adecuadamente ajustada además de engrasada en torno a los piñones consigue que todo el conjunto se mueva armoniosamente y con soltura, las marchas cumplen perfectamente con su función.
El manillar debe ser amplio y cómodo, facilitando el trazado de la ruta cuando estás en marcha. El tipo de bicicleta te marca si el manillar puede ser de carreras o de paseo. Las ruedas deben estar siempre bien hinchadas en prevención de baches y pinchazos.
Todo un arte, según fui aprendiendo con los años. La familia de mi suegro tenía un taller de bicis “Ciclos Delás”. Allí la madre de mi suegro, a mano montaba las ruedas trenzando radios, ejes y llantas.
Mi suegro trabajaba en la casa Lambretta, pero, frecuentemente acudía a ayudar a la familia en este trabajo manual. Hoy en día para mí, todo un arte.
Durante los años 40 y 50 acudían a la calle Alberique, a ese médico de bicicletas a poner a punto esas joyas de movimiento, hoy en día tan de moda. Las dejaban en perfecto estado, pues por aquella época se organizaban numerosas rutas de excursionismo, carreras y critériums, en los cuales participaban activamente los miembros de tan concurrida organización.
Recuerdo un día, comiendo en casa de mis suegros en el cual leí un artículo de periódico y se me abrieron unos ojos como platos pues mi suegro participó en una edición de la Vuelta a Levante, llegando a obtener la victoria de una etapa finalizada en nuestra amada Alameda de Valencia.
Es de resaltar su participación en el Rally patrocinado por la fábrica Lambretta en el año 1962. Lambretistas de Europa entera se dirigieron a la localidad italiana de Trieste para, desde allí, efectuando un recorrido conjunto con la antigua Yugoslavia, (pasando por Zagreb, Belgrado y Skopje) y finalmente Grecia, llegaron a su destino definitivo en la ciudad de Estambul. Una auténtica proeza si tenemos en cuenta el estado de las carreteras y las condiciones generales del momento de aquella época.
El suegro es padre político, y Dios me premió con un hombre maravilloso regalo del amor. Así como te decía cuando te pusiste malito:
¡Pare va per tú!
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