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HISTORIA

La biblioteca y la ciudad en Fallas

La intensa relación que une a los libros y al fuego de las fallas valencianas
RICARDO RUIZ / VALÈNCIA - 12/03/2019
Antigua Biblioteca de Alejandría en llamas Antigua Biblioteca de Alejandría en llamasBiblioteca de Holland House tras el bombardeo alemán de 1940 Biblioteca de Holland House tras el bombardeo alemán de 1940

La Antigua Biblioteca de Alejandría fue, en su época, la más grande del mundo. Se estima que fue fundada a comienzos del siglo III a.C. Nació bajo la ambiciosa idea de fundar una ciudad que contuviese el saber universal, acogiendo toda cultura y creencia. De esa manera, pretendía recoger todas las obras del ingenio humano, que debían ser incluidas en una suerte de antología inmortal para la posteridad.

Su trágico final, pasto de las llamas y de numerosos desastres, hizo que sólo se conservasen algunos pergaminos cobijados en los refugios de la gente corriente, que tuvo a su recaudo protegerlos de la persecución de las autoridades y los conquistadores. Al centralizar la cultura en un lugar, queda lo que en él acontece, el conocimiento adquirido.

El tiempo frente al libro. Pero ni la biblioteca es necesariamente un almacén de-limitado de libros, ni el fuego es inevitablemente un fenómeno destructor. La biblioteca puede ser toda una ciudad, igual que el fuego puede ser una excusa para construir. En València, el fuego nos reúne en torno a la construcción efímera de lo nuevo; de lo insólito y lo sorprendente. Construimos las fallas, un museo efímero que nos obliga y nos exige salir a la calle, haciendo de lo imposible, lo cotidiano.

Descentralizamos el saber, lo extendemos a cada barrio, a cada esquina. Y editamos publicaciones en torno a nuestras esculturas, que tras el paso de las llamas nos hablan de nuestra propia historia, la que queda registrada en los llibrets de falla: nuestra biblioteca a escala de ciudad. Como cada año por estas fechas y de manera silenciosa y discreta, las imprentas de nuestra región bullen con una producción literaria en valenciano de enorme magnitud y no menos calidad: cientos de llibrets que incluyen artículos de opinión, reflexiones, estudios históricos, ensayos, poesías, relatos, ilustraciones, cuentos…

En definitiva, un sustrato cultural que año tras año va configurando un cuerpo teórico alrededor de nuestras fiestas y tradiciones. Pero que por desgracia permanece oculto y silenciado.Los últimos años y a través de acciones como los premios de Lletres falleres, o los nuevos premios que otorga la Generalitat valenciana, se empieza a dar visibilidad y reconocimiento a esta actividad cultural de gran valor e importancia.

Difusión de llibrets

Sin embargo, el alcance de su difusión sufre nuevamente la endogamia propia del mundo fallero, en una oportunidad perfecta, de hecho, para hacer participar a agentes ajenos a él.Numerosos ejemplares de llibrets editados en València tienen un valor sobresaliente, como los producidos habitualmente en las comisiones de Na Jordana, Borrull-Socors, Castielfabib-Marqués de Sant Joan, Corona, Ripalda-Beneficiencia-Sant Ramón, Plaza Jesús, Arrancapins, o el singular proyecto de las Falles populars i combatives.

También llibrets editados a lo largo del resto de comarcas, incluso más allá de la provincia, con magníficos ejemplares como los producidos por las comisiones El Mocador (Sagunt), Plaça del Forn i Plaça de la Malva (Alzira), Joan Ramón Jiménez (Xàtiva) o el Canet (Cullera), entre muchas otras. 

Y es que, lo que en su día fue la Antigua Biblioteca de Alejandría equivale hoy a lo que son las grandes bases de datos que conforman el mundo virtual; internet. Allí yace todo el conocimiento condensado: el saber universal y su amalgama de culturas y sensibilidades… Ése era el sueño de la ciudad de Alejandría. Pero imaginemos la caída de internet, su incineración. Imaginemos a internet como una falla ardiendo; hecho cenizas, como la vieja Biblioteca.

 Pues bien, también y como en aquel caso la gente corriente guardamos en los estantes de nuestros hogares nuestros manuscritos, a salvo del fuego que nos hizo construirlos. Cada ejemplar, de cada falla, en cada hogar: sobre un estante o en un cajón, nuevo o roto, leído o por leer… Como una gran biblioteca que se extiende por toda la comarca. Y, en nuestra habitación, que es nuestro rincón más íntimo, lo leemos y lo compartimos con los más cercanos. Lo abrimos para descubrir esa mezcla de reflexiones y también de recuerdos junto a nuestros seres más queridos.

Una realidad también efímera, que alguien leerá en un futuro y de la que, al final, sólo quedarán los llibrets.

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