Susana Gisbert.
Hoy no me voy a
poner criticona, en contra de mi costumbre. O casi, que siempre se escapa
algo, que ya se sabe que la cabra siempre tira al monte.
Quiero recomendar a
todo el mundo algo que, aunque parezca obvio, cada vez se hace menos: quedar
con las amigas –o los amigos, por supuesto-. Pasar por un rato de la vida
digital a la analógica y tomarse una cerveza, un poleo o un refresco, entre
risas, o hasta entre lágrimas, venido el caso, es un pequeño tesoro al que no
debemos renunciar. Y que yo recomiendo encarecidamente.
Desde hace más de
dos años todos los miércoles, haga sol o llueva, tengo una cita ineludible: la
cañita con mis amigas. Un grupo pequeño y heterogéneo de mujeres a las que
solo nos une una cosa, las ganas de estar juntas. Una razón más que suficiente
para no faltar a esa cita salvo caso de fuerza mayor. E incluso en algún caso
de fuerza mayor.
En nuestra pequeña
tertulia arreglamos el mundo, el nuestro y el que nos rodea. Nos ponemos al
día y siempre, siempre, se nos hace corta y nos quedamos con temas pendientes,
por más que nos atropellamos las unas a las otras para hablar. Y no es que el
resto del tiempo no estemos en contacto, nada de eso. Tenemos nuestro grupo de
whatsapp, y estamos conectadas en redes sociales, hablamos por teléfono y
coincidimos en algunos eventos. Pero da igual, los temas de conversación no se
acaban nunca. Porque tenemos mucho que compartir. Y nos alegramos con los
triunfos de una, y nos entristecemos con las desgracias, haciéndolas más
llevaderas. Y, por supuesto, una de nosotras lleva una agenda donde quedan
anotados todos los eventos importantes para cada una, y nos acompañamos
siempre que podemos.
No cambiaría esas
citas por nada del mundo. Porque son un balón de oxígeno, un soplo de aire
fresco, un kit kat analógico en nuestras muchas veces demasiado digitalizadas
vidas, siempre pendientes de esa prolongación de nosotras mismas que es el
teléfono móvil. Y porque no hay nada como una sonrisa cara a cara o como un abrazo.
Así que hoy, como he
dicho, quiero recomendar a todo el mundo que lo haga, que vea sus amigos o
amigas los miércoles, o los jueves o los sábados, tanto da. Pero que no
sustituya el contacto humano por nada, ni demore las citas para esa cena de
navidad que nunca se tiene tiempo de celebrar, o para ese día que a todas nos
venga bien y que nunca llega.
Yo soy afortunada.
No es el único grupo con el que quedo con frecuencia. A veces, hasta me faltan
días, y tengo que hacer encaje de bolillos para llegar a todo Y ojalá nunca me
deje de pasar. Porque la amistad es un tesoro, pero hay que cuidarlo como si
fuera una flor exótica que requiere todos los mimos, y si no se marchita,
aunque parezca un símil un poco cursi.
Anímense y reserven
un ratito semanal para estas cosas. Seguro que me agradecen el consejo.
Porque esa cañita de los miércoles hace que los miércoles sean la caña. Y eso
no tiene precio.
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