La educación es vital para lograr una
sociedad global sostenible y aunque hay que aplaudir los progresos
realizados a favor de la educación en los últimos 15 años, con
programas de alfabetización, sin embargo sigue habiendo más de 61
millones de estudiantes en todo el mundo que no asisten a la escuela
Primaria y que hasta tres cuartas partes de los niños y niñas en
los países de ingresos más bajos no han aprendido a leer y escribir
después de dos o tres años de escolaridad obligatoria. Además,
según datos de la Unesco, 757 millones de adultos -dos tercios de
ellos mujeres- aún carecen de las habilidades básicas de
alfabetización.
Es
necesario mejorar los niveles de alfabetización de los países más
pobres, para lo que es necesario contar con personal docente bien
formado y motivado. Estos aspectos marcan de forma inequívoca los
progresos dentro del aula y permiten dar atención personalizada al
alumnado y proponer fórmulas de enseñanza que ayuden a eliminar
desigualdades, como por ejemplo aquellas que se crean entre niñas y
niños.
Tanto
las personas adultas como los niños y niñas que provienen de zonas
rurales o que se encuentran en zonas socialmente más desfavorecidas
y económicamente deprimidas, necesitan contar con medios y
oportunidades de acceso a una educación de calidad. En este sentido,
hay que recordar que la educación es un derecho humano fundamental
y un bien social. La educación de calidad proporciona a las personas
conocimiento crítico, competencias y habilidades necesarias para
plantearse, conceptualizar y solucionar problemas que se producen a
nivel local y mundial, y contribuye activamente al desarrollo
sostenible y democrático de la sociedad.
La
educación de calidad también es fundamental para el logro del resto
de los Objetivos de Desarrollo del Milenio, como la paridad de
género, la equidad, la salud, la nutrición, la paz, la
consolidación de la democracia y la sostenibilidad ambiental.
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