El alcalde de Almussafes, Toni González, con la vara de mando./EPDALa reciente decisión del PSOE de expulsar al alcalde de Almussafes, Toni González, ha generado una profunda inquietud entre muchos militantes socialistas de base. No solo por el fondo del asunto, sino también por la forma en que se ha producido. En un momento en el que la política debería ser especialmente cuidadosa con las garantías y el respeto a los procedimientos, sorprende que se haya actuado con tanta rapidez y, sobre todo, sin respetar algo tan básico como la presunción de inocencia.
En los últimos días se han difundido informaciones que presentan los hechos prácticamente como una sentencia firme, obviando el “presuntamente” que debería acompañar cualquier acusación hasta que exista una resolución clara. Esa precipitación no solo afecta a la reputación personal de Toni González, sino también a la credibilidad del propio partido, que siempre ha defendido la prudencia y el respeto a los procesos. Además, ha aplicado una doble vara de medir según el afectado.
Sin embargo, muchos militantes no pueden evitar pensar que
detrás de esta expulsión hay también un contexto político que no se puede ignorar. En el reciente congreso provincial del partido en Valencia, Toni González apoyó abiertamente la candidatura del alcalde de Mislata, Carlos Fernández Bielsa. Aquella votación fue especialmente ajustada y los apoyos de determinados municipios resultaron decisivos. Entre ellos, los de Almussafes.
El resultado ya es conocido: Bielsa logró imponerse al alcalde de Riba-roja, Robert Raga, alineado con el sector que respalda a Diana Morant. En ese escenario, los votos que llegaron desde Almussafes fueron clave. Por eso, para muchos militantes resulta inevitable preguntarse si la rapidez con la que se ha actuado ahora tiene más que ver con equilibrios internos que con una evaluación serena de los hechos.
A ello se suma otro elemento que tampoco es ningún secreto dentro del socialismo valenciano: la relación entre Toni González y el alcalde de Cullera, Jordi Mayor, nunca ha sido buena. Es una tensión política conocida desde hace tiempo y que forma parte de las dinámicas internas de la comarca de la Ribera Baixa, en la provincia de Valencia.
Todo esto dibuja un panorama en el que la expulsión del alcalde de Almussafes puede interpretarse también como un movimiento dentro de una batalla orgánica más amplia. Y eso, más allá de simpatías personales, debería preocupar a toda la militancia del PSPV, cada vez más en manos de unos pocos.
Porque el PSOE en la Ribera Baixa ha construido su fortaleza gracias al trabajo de muchos alcaldes, concejales y militantes. Si las decisiones se perciben como ajustes de cuentas internos, el daño político puede ser importante. Veremos qué
consecuencias tiene todo esto en una comarca donde el socialismo ha sido históricamente fuerte y donde decisiones como esta pueden abrir un agujero difícil de cerrar.
La creación de un partido liderado por Toni González deja al PSPV-PSOE sin una alcaldía y dentro de un año probablemente sin otro diputado provincial, como ya ocurrió en La Vall d’Albaida tras otra sonada e injusta expulsión, la del alcalde de Ontinyent, Jorge Rodríguez.
Comparte la noticia
Categorías de la noticia