Susana Gisbert. / EPDA
Se acercan las fallas, un año más. Momento de hablar de música, de flores, de pólvora, de buñuelos y, como no, de paellas. Esas que no solo encontramos en bares y restaurantes, sino que, al menos por una vez al año, vemos hacer en la calle en concursos y exhibiciones, con mejor o peor fortuna entre los participantes.
Y, aunque parezca mentira que ocurra en Valencia, siempre hay alguien que dice la palabra prohibida. “Vamos a echar ya el arroz en la paellera”. Y, en algún sitio de la Comunidad Valenciana, se muere un gatito o poco menos. Porque si hay algo que una valenciana que se precie aguanta mal es que llamen “paellera” al recipiente donde se hace la paella. Un pecado tan grave como ponerle a un arroz pimientos, guisantes o chorizo y llamarlo “paella”. Cuando todo el mundo sabe que es arroz con cosas y punto. Que puede incluso estar muy bueno, pero no es paella.
Pues bien, como decimos siempre cuando alguien comete tamaña infamia, “paellera” es la señora que hace paellas. Porque es el recipiente el que da nombre al plato y no al contrario. Paella es como se llama a una sartén en valenciano, y la que todo el mundo conoce es una sartén especial de nuestra tierra. Y, cuando el arroz comenzó a cocinarse allí con lo que daba la tierra y los animales a que se tenía acceso, esto es, verduras de la huerta, pollo y conejo. La paella de toda la vida que se cocina en una paella, también de toda la vida. Del mismo modo que llamamos “puchero” a lo que en otros sitios se llama “cocido” porque se hace en un puchero. Y nadie llama al recipiente “pucherero”.
De este modo, la paellera solo puede ser la autora de la paella, pero no ocurre lo mismo con el paellero. Porque “paellero” puede ser el hombre que cocina la paella, pero también se llama así una especie de horno al aire libre donde, los afortunados que pueden disponer de este espacio, hacen sus paellas más cómodamente y sin dejar la cocina hecha uno zorros.
Así, que quede claro que no hay “paelleras” donde se hagan las paellas, sino que, en todo caso, son quienes hacen las paellas. Y a pesar de que en Valencia lo tenemos claro, siempre hay alguien a quien se le escapa. Y allende nuestras fronteras, todavía más.
Pues eso, hablemos con propiedad. Y, por supuesto, buen provecho.
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