El Periódico de Aquí te recomienda 10 obras en el Día del Libro. /CANVAHay libros que se recomiendan por lo que cuentan y otros por lo que significan. Con motivo del
Día del Libro, la redacción de
El Periódico de Aquí reúne ambas cosas en una selección que combina lecturas personales y títulos vinculados al territorio.
‘Florentina’, de Pilar Mínguez y Paco Teruel, con ilustraciones de Marina Veintimilla
En muchos pueblos hay nombres que están ahí, en una calle o en una plaza, y que casi nadie se ha parado a preguntarse de dónde vienen. En Alcublas, en La Serranía, pasa con Florentina.
Yo llegué a esta historia como llego a tantas otras: por una noticia. Y con ella, una pregunta sencilla: quién fue realmente Florentina Mañes Lázaro. La misma que, según cuentan sus autores, les llevó a empezar a investigar.
El resultado es este libro, que sitúa la historia en la Alcublas de principios del siglo XX, cuando la falta de oportunidades empujaba a muchos vecinos a marcharse a la ciudad.
Pero en medio de esa realidad aparece una figura que rompe el esquema: una mujer que, en una época en la que casi todo estaba decidido de antemano, consiguió hacerse su lugar entre Alcublas y Barcelona, entre lo que se esperaba de ella y lo que terminó siendo.
Durante años, su nombre ha estado rodeado de comentarios, de versiones a medias, de lo que se dice pero no se sabe del todo. Y quizá por eso este libro tiene sentido: porque pone orden, contexto y memoria donde antes había más intuición que certeza.
Florentina nació en Alcublas a principios del siglo XX, emigró en los años 30 y, a su muerte, en 1979, dejó parte de su legado al Hospital de Badalona y otra parte a su pueblo, porque no olvidó de dónde venía.
Que esta historia se haya recuperado ahora, desde lo local y con una base de investigación, también dice mucho de los pueblos que siguen mirando a su pasado para entenderse mejor.
El libro, además, tiene ese valor añadido: está editado por el Ayuntamiento de Alcublas y, de momento, solo se puede conseguir contactando directamente con ellos. Casi como si la historia siguiera, de alguna manera, en casa.

‘El tramvia groc’, de Joan Francesc Mira
En los últimos años, el gran fenómeno editorial valenciano ha sido Noruega, de Rafa Lahuerta. Su éxito es indiscutible y, de hecho, a quien aún no lo haya leído, le recomendaría que le dé una oportunidad. A mí, sin embargo, me dejó sensaciones encontradas. Quizá iba con expectativas demasiado altas, pero esa forma de llevar al extremo la Valencia de la segunda mitad del siglo pasado, la idealización en algunos momentos y un punto de vista masculino y estereotipado en determinados pasajes… Hubo cosas que no terminé de comprar.
Por eso, si tengo que recomendar un libro que también habla de la ciudad pero desde otro lugar, me quedo con El tramvia groc.
Aquí no hay una historia al uso. Lo que hace Mira es reconstruir su infancia en la Valencia de posguerra, en ese espacio difuso entre la huerta y la ciudad donde creció, en torno a caminos históricos como el Camí Reial y barrios que hoy prácticamente han desaparecido tal y como eran.
El libro avanza a base de escenas y recuerdos muy concretos. La casa familiar, la economía doméstica, los vecinos, algunos excéntricos y otros directamente situados en los márgenes, aparecen con total naturalidad. También hay una mirada muy detallista sobre el entorno, sobre cómo funcionaba la huerta, cómo eran las calles o cómo se iba transformando poco a poco ese paisaje.
Y en medio de todo aparece el tranvía amarillo. No solo como recuerdo, sino también como hilo conductor de ese mundo. Es el trayecto entre la periferia y el centro, entre la infancia y el descubrimiento de la ciudad, entre una forma de vida que desaparece y otra que empieza a imponerse.
Hay escenas que se quedan contigo, los trayectos al colegio, la vida en casa, los juegos, los animales, o esa sensación constante de estar creciendo en un lugar que ya estaba cambiando. Incluso cuando aborda momentos más duros, lo hace con cierta distancia, como si lo importante no fuera el hecho en sí, sino todo lo que lo rodea.
A mí me gusta precisamente por eso. Porque no idealiza. Hay nostalgia, pero también mucha lucidez. Y porque construye una Valencia reconocible sin caer en el tópico ni en la épica.
Es un libro que recomendaría a quien quiera entender la ciudad desde dentro, con calma. Más que unas memorias, es casi un mapa emocional de una Valencia que ya no existe, pero que explica bastante bien la que tenemos hoy.

‘La Fúmiga. Havia de passar’, de Vicent Xavier Contrí, y ‘Sempre a la contra i avant. La història de Zoo a través de les seues cançons’, de Josep Vicent Frenchina
Cuando pensé en qué libro podía recomendar que tuviese, de alguna manera, relación con la Ribera y la Safor, no me venía nada a la cabeza. Claro, buscaba alguna historia inspirada en nuestros pueblos y que hubiese leído recientemente. Y lo único en lo que podía pensar eran varios volúmenes ‘Premi de Novel·la Ciutat d’Alzira’ en la pequeña librería de mi mesita de noche. Cabe destacar, por otra parte, que el Premio de Novela Ciudad de Alzira es un reconocimiento muy respetado en el mundo literario de dentro y fuera de la Ribera Alta.
Pero yo quería algo que uniese a ambas comarcas, la Ribera y la Safor. Y entonces me di cuenta. En la misma librería que he mencionado antes –más bien una colección de libros apilados entre una vieja radio y una hucha con forma de moto– tenía dos libros que bebían, precisamente, de dos capitales de comarca: Alzira y Gandia. Los dos, además, obras musicales. Y los dos, además, sobre grupos que han trascendido las fronteras de la conocida como ‘música en valenciano’ y forman ya parte de nuestra identidad.
Me refiero a La Fúmiga y a Zoo. Ambas formaciones han dejado los escenarios –o siguen en su gira de despedida en el caso de los de Alzira– justo cuando cumplían una década. Y justo en el momento álgido de su carrera, como han coincidido en señalar los medios –incluso nacionales– que se han hecho eco de este adiós.
En lo personal, esta noticia –una llegó en 2024 y la otra en 2025– dejó una herida. Porque no se trata solo de la disolución de un grupo de música. Al apagarse las luces de sus espectáculos, se apaga de alguna manera una parte de nosotros. Y aquí está lo verdaderamente emocionante. Aunque no te gusten Zoo o La Fúmiga, sus letras son refugios en los que guarecerse. O fiestas en las que gritar. Depende del ánimo.
¿O acaso los títulos de estos libros, extraídos de las canciones de sus protagonistas, no son una buena lección de vida? Mientras La Fúmiga nos reconforta en que eso que nos ha pasado, “tenía que pasar”, Zoo nos anima a seguir luchando. Siempre remando a contracorriente y mirando hacia delante. “Sempre a la contra i avant”.

‘El extranjero’, de Albert Camus
Hay libros que los lees para entretenerte y otros que los lees por necesidad. ‘El extranjero’ fue de los segundos para mí. Me ayudó a hacer un "clic" que todavía me acompaña. Me enseñó que la importancia de las cosas es relativa; que los dramas, las expectativas y también las alegrías solo tienen el peso que nosotros decidamos darles.
Meursault, el protagonista, es alguien que vive estoicamente. La prueba más clara es la icónica frase con la que comienza el libro: "Hoy ha muerto mamá. O quizá ayer. No lo sé". Y es ahí donde Camus te lanza la pregunta incómoda: ¿por qué nos empeñamos en darle un significado trascendental a todo? Al leerlo, te das cuenta de que, en el fondo, la realidad es bastante más insignificante de lo que pensamos.
Esa frase de "pase lo que pase, nunca pasa nada" resume muy bien la esencia del libro. No es una visión pesimista, sino liberadora. Meursault acepta la "tierna indiferencia del mundo". Entiende que el sol va a seguir saliendo y que el mar va a seguir ahí, independientemente de nuestras tragedias personales o de nuestros éxitos.
Se lo recomiendo a cualquiera que se sienta agobiado, estresado o con presión, ya sea por trabajo, por estudios, por amor o, simplemente, porque siente que la vida le sobrepasa constantemente. ‘El extranjero’ es un manual de supervivencia que te quita una mochila de encima. Te enseña que la vida no tiene un sentido intrínseco, y que precisamente por eso, somos libres de darle el que nosotros queramos... o simplemente, de vivirla sin más.

‘Reina roja’, de Juan Gómez-Jurado
Para este Sant Jordi te recomiendo Reina Roja, porque es de esos libros que empiezas “a ver qué tal” y, sin darte cuenta, acabas completamente dentro de la historia.
La novela nos introduce en un caso muy especial en España, donde entra en juego Antonia Scott, una mujer con una inteligencia extraordinaria que ha ayudado a resolver casos imposibles, aunque ahora vive bastante apartada tras una tragedia personal. Cuando aparece un nuevo crimen muy complicado, entra en escena Jon Gutiérrez, un inspector de policía bastante más cercano y terrenal, que será el encargado de trabajar con ella. Entre los dos forman un equipo muy distinto, pero que funciona sorprendentemente bien.
A partir de ahí, la historia se convierte en una investigación llena de tensión, con asesinatos, pistas y giros constantes que van complicando cada vez más el caso. Es un thriller muy dinámico, donde todo el tiempo están pasando cosas y donde es fácil quedarse enganchado sin darte cuenta.
Lo que hace especial este libro es precisamente eso: empiezas pensando que vas a leer solo unos capítulos y, de repente, estás metido en una historia que te arrastra hasta el final y que te deja con ganas de seguir con el resto de la saga.

‘Una breve historia de casi todo’, de Bill Bryson
Nadie ha explicado tanto en tan poco espacio y tan bien como Bill Bryson, un periodista de viajes que un día mirando desde lo alto de un avión se preguntó por qué sabía tan poco sobre como se formaban los paisajes sobre los que escribía. En vez de quedarse con la duda buscó gente más lista que él que se lo explicara y todo lo que aprendió está en este libro que logra explicar de forma extremadamente sencilla y amena todas las claves que definen nuestra existencia.
¿Sabías que hay una conocida atracción turística que tiene todos los números para provocar el fin de la especie humana? ¿Quieres entender por qué los relojes atómicos dan distinta hora dependiendo de la altura a la que estén? ¿Te han explicado alguna vez que el calorcito que notas en tu cara cuando te da el sol directamente no viene realmente de nuestra estrella más cercana? La curiosidad de Bill Bryson le llevó a comprender muchas cosas de nuestra existencia y tuvo la amabilidad de compartirlas, en un lenguaje entendible, con todos aquellos que fueran tan curiosos como él pero no tuvieran acceso a su agenda de contactos.

‘Los asquerosos’, de Santiago Lorenzo
Hay historias que, sin estar ambientadas en un lugar concreto que conozcas, te resultan sorprendentemente cercanas. Con Los asquerosos me pasó justo eso.
Llegué a este libro buscando una lectura ligera, pero acabé encontrándome con algo más: la historia de alguien que, casi sin proponérselo, termina aislándose en un pueblo prácticamente vacío y construyendo su propia forma de vivir, al margen de todo.
Mientras lo leía, era inevitable pensar en muchos rincones del interior. En casas cerradas, en pueblos pequeños donde el ritmo es otro, en esa sensación de desconexión que a veces se busca, o se encuentra sin querer, lejos de la ciudad.
La novela tiene un punto de humor muy particular, pero también una crítica bastante clara a la forma de vida actual: al ruido constante, al consumo y a lo que el propio libro llama los “mochufas”, una forma de vida que irrumpe y rompe la calma de un entorno sencillo.
Al final, más que una huida, lo que plantea es otra manera de estar en el mundo. Y, sin hablar directamente de nuestras comarcas, conecta bastante con esa idea de volver a lo esencial que todavía se respira en muchos pueblos del interior.
Se lo recomendaría a quien quiera una historia entretenida pero con fondo, y a quienes disfrutan de esas lecturas que, casi sin hacer ruido, te dejan pensando.

‘Los cínicos no sirven para este oficio’, de Ryszard Kapuściński
Hay libros que, por cómo das con ellos, se convierten a simple vista en un “no me apetece”, y puede ser por el simple hecho de ser algo impuesto o no decidido por ti mismo. Sin embargo, este no fue así. Ya me llamó la atención en un primer vistazo y prosiguió conforme pasé las páginas. Fue uno de ellos durante mis estudios en el grado de Periodismo, cuando llegó como lectura obligatoria y acabó ayudándome a comprender mejor lo que más adelante se convertiría en mi profesión.
El ensayo del periodista polaco Ryszard Kapuściński no es un manual al uso ni una guía técnica sobre cómo escribir noticias. Es, más bien, una reflexión profunda sobre lo que significa ejercer el periodismo cuando se toman en serio sus dimensiones.
El libro está construido a partir de tres textos “conversados”: intervenciones en conferencias y entrevistas en las que el autor va desgranando su visión del oficio. A través de ellas, Kapuściński se detiene en escenarios extremos como la pobreza, el hambre o la guerra, no como temas abstractos, sino como realidades que exigen una mirada responsable por parte de quien las cuenta.
También hay una defensa constante de la deontología periodística, del oficio entendido como una práctica cotidiana que requiere rigor, honestidad y compromiso. Frente a la tentación del cinismo o la distancia emocional, Kapuściński reivindica un periodismo implicado, consciente de su impacto en la sociedad.
En mi caso, la lectura de este libro fue una inmersión en lo que después se convertiría en mi profesión. No tanto por las respuestas que ofrece, sino por las preguntas que deja abiertas. Me obligó a mirar el periodismo desde otro lugar, no como un mero transmisor de información, sino como una forma de estar en el mundo.
Más que una lectura académica, fue una primera aproximación a la idea de que el periodismo, bien entendido, no se limita a contar lo que pasa, sino que intenta comprenderlo sin perder de vista a quienes lo viven.

‘Héroes olvidados’, de Mercedes Blasco Rodriguez
Llegué a ‘Héroes olvidados’, de Mercedes Blasco Rodríguez, de una forma bastante personal. No solo porque siempre me han interesado las historias ligadas a la memoria histórica, sino porque su autora fue mi profesora de Lengua Castellana.
Durante años no supe que, como yo, también tenía raíces en Soneja, ni que detrás de sus clases había una historia familiar tan potente como la que recoge en este libro.
La obra reconstruye la experiencia de uno de sus abuelos en un campo de prisioneros durante la Guerra Civil Española, pero en realidad va mucho más allá. Es el retrato de toda una generación de jóvenes que se vieron arrastrados a un conflicto que no habían elegido, obligados a combatir, en muchos casos, contra amigos o incluso familiares. Esa idea atraviesa todo el relato: cómo la vida puede torcerse de forma radical en cuestión de días.
En mi caso, la lectura conecta también con la historia familiar. El hermano de mi abuela materna murió en el campo de concentración de Mauthausen, y eso hace que el libro resuene de una forma distinta, más cercana. No es solo una historia del pasado, sino una forma de entender lo que vivieron tantas personas anónimas.
El relato, además, está construido con capítulos cortos, lo que facilita una lectura ágil y constante. Cada fragmento deja con la sensación de querer seguir avanzando, de descubrir un poco más. En un momento en el que los conflictos vuelven a ocupar titulares, libros como este ayudan a poner rostro y contexto a lo que a veces se percibe de forma lejana.
Al final, ‘Héroes olvidados’ cumple precisamente lo que promete su título: rescatar del olvido a quienes vivieron —y sufrieron— una historia que no debería repetirse.
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