Alicia Giner y su tío Miguel. / EPDA
Alicia Giner y su tía. / EPDAAmigos míos, está mañana me lo he pasado bomba. De la mano de mis tíos, Miguel y Teresa he gozado de las vistas plenas de vida de las cuales es espejo, la Huerta Valenciana.
Un campo de chufas ya lo habían quemado y mis ojos como platos han observado como maneja el agricultor pleno de amor, el fruto de la tierra.
En el barranco del Carraixent gaviotas y patos luchaban para pescar ofreciendo un espectáculo al animalista de verdad.
Un labrador sulfataba las cebollas tan cuidadoso como armonioso.
Las acequias, algunas estaban abiertas y otras cerradas dependiendo de las necesidades de la tierra. La compañía de mis tíos me ha hecho gozar esta excursión maravillosa pues han solventado mis dudas de manera tan coherente como cariñosa. A su Ali nadie se la puede tocar.
Sin duda, la huerta es muy esclava pero eso imprimió un carácter. El nudo del amor y el lazo del pasado se forjó a fuego lento, como podéis observar en las fotos que adjunto a mis letras es tan intenso como recíproco.
Dejémonos de animalismo absurdo y gocemos las maravillas de la Huerta Valenciana.
Alimentos naturales, nutritivos, cultivados con cuidado y a pulso. Eso es SANO DE VERDAD!!!!!
Gracias tíos por una mañana de cuento en la cual he podido volar al pasado y correr entre los caballones, oler el dulce aroma de la jacaranda y comer una paella de la tierra al plato.
Tíos los momentos vividos jamás saldrán del baúl de mis recuerdos.
Siempre vuestra Ali
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