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LEOPOLDO BONÍAS

La tenue línea entre lo sublime y lo ridículo

Comisario de Policía Local
- 26/05/2019
Leopoldo Bonías Leopoldo Bonías

En un original film de Woody Allen se describe la vida de Leonard Zelig en formato de falso documental donde el protagonista encarnado por el genial actor norteamericano cambia su apariencia y su comportamiento adaptándose al medio en el que se desenvuelve para poder ser aceptado. 

La película narra su historia e intervienen diferentes testigos y hasta una psicoanalista, la doctora Fletcher, que diagnóstica que Zelig es un caso claro de extrema inseguridad que provoca que se produzca una simbiosis sorprendente con el entorno, de forma que si está con judíos le crecen barbas y tirabuzones, con gordos engorda y cuando se mezcla con aristócratas actúa como ellos y defiende posturas republicanas ultraconservadoras. En definitiva , un auténtico camaleón.

Algo muy parecido está pasando en la sociedad española y lo comprobamos recientemente en el solemne acto de juramento o promesa a la Constitución en el Congreso convertido por momentos en una auténtica charlotada con frases adicionales solemnes de todo tipo bajo la dirección de un clon de Valle Inclán que contribuía a la patulea parlamentaria en todo lo que podía como si un contagio colectivo hubiera invadido las clarividentes mentes de los representantes del Pueblo. 

Alguno hasta llegó a prometer por el planeta. En fin, todo un espectáculo. Se echó en falta alguien con el ingenio de Manuel José Sieyés, el clérigo galo que ante los abusos de la Revolución Francesa sólo acertó a opinar "Quieren ser libres y no saben siquiera ser justos". 

Durante la votación en la Asamblea francesa en el proceso del rey Luis XVI los diputados unían a su voto a favor de la pena de muerte para el monarca una frase rimbombante. Cuando llegó el turno a Sieyés, pronunció un lacónico "la muerte, sin frases".

Con la defensa de los animales está pasando algo parecido. Yo soy de los que piensa que la defensa de los animales es algo muy loable, pero cuando algo se lleva hasta el paroxismo nos encontramos con situaciones como las ocurridas en el ayuntamiento de Lorca, donde se realiza un casamiento de perros policías o la juez que cita en calidad de testigo a una perra victima de malos tratos en una forma muy peculiar de reconocer los derechos del can. Y es que el animalismo dogmático está alcanzando tintes de auténtico disparate traspasando lo sublime para entrar abiertamente en lo ridículo.

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Cronista Oficial de Casinos. Académico de la R.A.C.V.

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