Susana Gisbert. EPDAEstos días se está celebrando en Valencia la Feria del libro, al igual que en otras ciudades y pueblos de España por estas fechas, cercanas siempre al Día del libro. Es una ocasión fantástica para todas las personas a las que nos apasiona la lectura, y todavía más para quienes viven de ella, que hacen su particular agosto en primavera.
Recuerdo mis primeras ferias de niña, con mis padres, con los ojos abiertos como platos ante tantos libros, y aquellas en que empezaba a tener autonomía e ideas propias. Y, por supuesto, recuerdo la sensación de poderme comprar libros con mi sueldo, con mi propio dinero.
Pero lo que marcó un antes y un después en mi relación con la Feria fue convertirme en autora y firmar en una de las casetas. Todavía me dan escalofríos al recordar la sensación que tuve al oír mi nombre en megafonía por primera vez. Inolvidable.
Luego, como me comentaba ayer un autor amigo con el que compartía firma y editorial, el ego dura lo que el primer libro. Pero la satisfacción de leer y ser leída se queda ahí para siempre, como una droga con un peculiar pero intenso síndrome de abstinencia. Es curiosa pero real esa sensación de escribirse encima. Y no soy la única a quien le pasa.
Aunque parezca un juego de palabras, la escritura es un mundo donde entre realidad y ficción media un abismo, al menos en lo que a autoría se refiere. Cuando, antes de que por primera vez mis palabras estuvieran en una imprenta, imaginaba cómo sería ser escritora, la cosa no se parecía en nada a lo que luego ocurre.
Las películas siempre nos ofrecen la imagen de la autora que triunfa con su primera novela, que llena escaparates mientras masas de lectores esperan horas de cola para que les firme un ejemplar. Y eso supongo que ocurrirá en algún caso, pero no es lo habitual. Del mismo modo que no es habitual ser Messi o Cristiano, aunque se juegue al fútbol como ángeles con botas de tacos.
No obstante, pocas cosas tan bonitas como ir a firmar a la Feria. Escuchar tu nombre, y el de tu libro por megafonía mientras esperas que alguien se acerque a interesarte por tu obra. O, mejor aún, que ya la conozca. La alegría de cada dedicatoria, de cada firma, de cada comentario es gasolina para seguir escribiendo. Y leyendo, Y comprando libros a sabiendas de que no vas a tener tiempo de leerlos todos, de que tienes un montón en cola y que te faltan horas para ponerte al día.
Os espero.
SUSANA GISBERT
Fiscal y escritora (twitter @gisb_sus)
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