Eva Cayuela. / EPDAHay algo que se palpa en la ciudad. No es una sensación abstracta ni un simple malestar pasajero: es un murmullo constante, un comentario repetido en la cola del supermercado, en la parada del autobús, en la puerta del colegio, en las terrazas y en las plazas. Es el día a día de una ciudad que habla, que advierte, que pide atención… Pero que siente que quienes deberían escucharla no quieren oír.
No hace falta abrir redes sociales —aunque también estén llenas— para entender el mensaje. Solo hace falta caminar por nuestras calles. Allí están las voces de nuestros vecinos y vecinas, las de siempre: la señora que se queja de que cada vez hay más suciedad, el joven que se lamenta de que los gusanos invadan su fachada, la madre que empuja el carrito sorteando aceras rotas, el comerciante que comenta que últimamente hay más robos, el entrenador que sufre cada semana el deterioro de las instalaciones deportivas.
Todas esas voces tienen algo en común: el cansancio de sentirse ignoradas.
Porque Sagunto quiere avanzar, tiene potencial, tiene ganas, tiene energía. Pero duele ver cómo, mientras la ciudadanía señala los problemas con claridad, el equipo de Gobierno parece empeñado en mirar para otro lado. Como si no pasara nada. Como si lo que se vive a pie de calle fuera una exageración.
La suciedad que se acumula en muchos puntos del municipio no es imaginación. Las plagas que cada verano —y cada vez más allá del verano— condicionan nuestra salud y nuestro descanso no son invenciones. Las aceras rotas que ponen en riesgo a mayores y personas con movilidad reducida son reales. Los robos, la okupación y la delincuencia que inquietan a nuestros barrios son reales. El abandono de las instalaciones deportivas es real. Y, sobre todo, el descontento de quienes viven aquí cada día… también es real.
Lo verdaderamente triste es que Sagunto habla con el corazón, porque esta ciudad la sentimos como algo nuestro, algo que queremos ver cuidado, respetado y en crecimiento. Las críticas no nacen del capricho, sino del amor por nuestro hogar. Y duele que ese amor no encuentre respuesta en quienes gobiernan.
Los vecinos gritan porque quieren una ciudad mejor. Porque saben que Sagunto puede más, merece más. Porque han perdido la paciencia de esperar soluciones que no llegan. Y mientras tanto, el equipo de Gobierno sigue con los ojos entornados, como si cerrar la mirada bastara para que los problemas desaparecieran. Pero no desaparecen. Ahí siguen. Y la voz de la ciudadanía también seguirá, cada vez más firme, más clara y más unida.
Porque lo que nuestra ciudad pide no es extraordinario: pide limpieza, seguridad, accesibilidad, cuidado, escucha y respeto. Pide gestión. Pide compromiso.
Pide que, de una vez por todas, quien gobierna empiece a ver lo que la gente lleva tiempo gritando.
Sagunto está hablando. La pregunta es: ¿Cuándo empezará el equipo de Gobierno a escuchar?
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