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Un año más, hemos celebrado el Día Internacional de laMujer. Y un año más, en nuestra tierra, mezclado con el olor a pólvora ybuñuelos de las Fallas, nuestra fiesta por antonomasia. Y quizá es un buenmomento para reflexionar sobre algo que siempre late en el espíritu de lasfallas: ¿es machista la fiesta? Una buena pregunta, a la que me gustaría daruna buena respuesta. Aunque no sea fácil. Se ha acusado desde muchos sectores alas fallas de un recalcitrante machismo. Y aunque así pudiera parecerlo a simplevista, no es oro todo lo que reluce, venga del brillo de las peinetas, o decualquier otro sitio.
No podemos negar que las Fallas, tal como están planteadashoy en día, vienen directamente de una época en que el machismo era parte de lasociedad, y que de esas fuentes bebieron. Pero tampoco podemos dejar de lado que,al igual que ha evolucionado la sociedad, también lo haya hecho nuestra fiesta.E incluso que es un buen barómetro para medir esa evolución.
Se acusa a las fallas de utilizar la figura de la mujer comoflorero. Pero yo creo que quienes lo hacen no están del todo bien informados,porque, por suerte, las mujeres ya no tienen vedado ningún puesto directivo en lasfallas, ni en los organismos que las regulan, y acceden a ellos sin más problemaque el techo de cristal que la conciliación supone en cualquier otra área denuestra vida. Y hasta es posible que nos hayamos pasado de frenada, que aunquehay varias mujeres presidentas de falla, aún no está admitido que ningún hombrepueda acceder al cargo de Fallero Mayor, si tuviera el gusto de serlo. Y ése sisería un gran avance, vaya que sí. Aun queda en éste, como en todos, muchocamino por recorrer. Pero andando se hace camino y somos los falleros quienes tenemosen nuestra mano la llave del avance, sin miedos ni complejos.
Eso sí, a ver si alguien inventa una solución que acabe conla más tremenda de las discriminaciones, lo que cuesta –en tiempo y dinero-vestirse de valenciana. Y conste que no quiero que dejemos de llevar esostrajes preciosos. Pero una de dos, o inventamos una varita mágica que haga que aparezcamostotalmente ataviadas en un nanosegundo, y que no duelan ni moños ni zapatos…uobligamos a los hombres a que pasen también por esa tortura de agujas,horquillas, tacones y medias que se clavan. Aunque fuera solo por un día,estaría bien que supieran lo que es.
Pero mientras, pensemos que las fallas no tienen por qué sermachistas. Lo serán o no según las personas que formamos parte de ellas. Asíque, a aplicarse el cuento. Que las peinetas no hagan juego con el traje delmachismo. Está en nuestras manos, y en nuestras cabezas. Con peinetas o sin ellas.