Frame de la película biopic de Michael Jackson. / EPDAQuienes se acerquen a ver este biopic deben saber previamente que entre los productores figuran varios familiares del Rey del Pop. Ello, unido a ciertas trabas legales, ha provocado que el filme no repase los capítulos polémicos de su vida. De hecho, abarca desde 1966 a 1988, así que algunos hitos tampoco aparecen. Asumiendo que prima el talante buenista, aporta detalles sustanciosos, especialmente del ámbito doméstico, aunque no se ciñe a esa parcela. Y recrea de forma espectacular unos conciertos míticos que satisfarán a sus fans.
Detrás del fenómeno The Jackson 5 había un padre ambicioso y tiránico. Quería que sus hijos triunfaran y los preparó a conciencia hasta asegurarles el éxito. Michael era el deslumbrante solista del grupo; además, se movía con una desenvoltura y gracejo llamativos. Cuando la Motown los contrató y lanzó los primeros sencillos se convirtieron en ídolos de masas. Sin embargo, el joven vocalista soñaba con independizarse y triunfar interpretando los temas que tenía en mente. Pocos sospechaban el enorme talento que atesoraba.
La película cumple con el periodo que recorre. Mete al público en el hogar donde creció esta figura irrepetible y trata las circunstancias que le condicionaron de diferentes maneras, desvelando aspectos sorprendentes. La difícil relación paternofilial y su inconmensurable genio artístico son los principales argumentos que exprime el guionista John Logan (Gladiator, El aviador, La invención de Hugo), deparando episodios reveladores.
La narración alterna esa mirada íntima con la vertiente profesional y espolea su desarrollo representando unas canciones sobre los escenarios que siguen siendo hechizantes. La génesis y los ensayos del videoclip de Thriller resultan arrebatadores.
Se extiende en las últimas secuencias musicales y cierra la proyección, antes de los créditos, con la frase «La historia continúa…», abriendo la puerta a una segunda parte. Modera el metraje, dada la envergadura del proyecto, y se queda en 127 minutos, pero nos deja con ganas de más.
Los cuidados departamentos técnicos proporcionan una impecable ambientación y unos momentos fascinantes. En ese apartado, se presta a la comparación con Bohemian Rhapsody (2018).
El debutante Jaafar Jackson encarna con energía y convicción a su malogrado tío. Al ser novel en esta faceta actoral, y ante lo exigente del reto, merece un mayor reconocimiento. No obstante, en los pasajes dramáticos, se ve ampliamente superado por Colman Domingo (Las vidas de Sing Sing), digno ya de la nominación al Óscar.
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