Nueve jóvenes reciben diariamente clases prácticas en Mas de Mur, el instituto, el parque Ribelles, la residencia y La Costera. Foto: EPDA.
Es el tercer PCPI de
jardinería que la Consellería de Educación concede al Ayuntamiento de Puçol,
cada uno de ellos con dos años de formación para un grupo de alumnos entre 17 y
22 años que aspiran a una formación integral, incluyendo el dominio práctico de
una profesión que les permita conseguir un empleo, en este caso jardinería.
“Ya han empezado a
acondicionar el jardín, el huerto y la pérgola de Mas de Mur, el centro
municipal donde conviven diversos proyectos formativos para jóvenes, mujeres y
discapacitados”, explica Eloísa Rosa Martínez, la concejal de bienestar social.
“En estos dos años que dura este nuevo PCPI combinarán la formación teórica con
prácticas en multitud de espacios de Puçol, prácticas que les permitirán dominar
el oficio de jardinero”.
Mas de Mur es el
campamento base, donde trabajan casi todos los días, pero a lo largo del curso
los alumnos de jardinería también verán los frutos de su trabajo en el huerto
del Instituto de Educación Secundaria, en el parque Ribelles, en la Residencia
de la 3ª Edad e incluso en el Paraje Natural Municipal La Costera.
Laura Bosch es la
coordinadora del curso y la encargada de impartirles la parte teórica, en la
que se trabajan materias como lengua, matemáticas y área socio-natural, pero
también asignaturas más enfocadas al mundo laboral, como prevención de riesgos laborales
y Formación y Orientación Laboral. Esta labor se realiza cada mañana, a primera
hora, en el Espai Social Martínez Colla.
“Además, trabajamos la
autoestima y sus capacidades sociales, siempre adaptando los contenidos al
nivel de cada alumno”, señala la coordinadora. “El resultado es que todos ellos
muestran un notable avance en sus conocimientos y una evidente maduración
personal, lo que les ayuda a lograr una mejor integración social y estar
preparados para desempeñar un trabajo, porque tienen adquiridos los hábitos de
ese empleo”.
Muchos objetivos y
deberes. Parece difícil para chicos tan jóvenes. Pero cuentan con un secreto:
la variedad, el escapar de la rutina, porque el movimiento continuo siempre
ayuda a hacerlo más llevadero.
Así, cada día de lunes a
viernes trabajan de 8 a 11 horas en la parte teórica; a continuación, el
almuerzo; y para finalizar, dedican entre 2 y 3 horas a las prácticas, ya sea
en el parque, en el instituto, en un huerto o en La Costera.
Para ellos es importante
aprender un oficio, pero, sobre todo, sentirse útiles, sentirse parte de la
sociedad, y eso es algo que saben que están consiguiendo: son conscientes de
que están madurando como personas.
Comparte la noticia
Categorías de la noticia