Juan Pedro Burgos. /ELVIRA FOLGUERÀEstamos en un tiempo este, afirmó el otro día Don Sergio Mattarela Presidente de la República Italiana en la Universidad de Salamanca, “en el que todas las cosas que antes nos parecían sólidas y sagradas han empezado a tambalearse: la verdad y la humanidad, la razón y el derecho”. Escribió el filósofo coreano Byung-Chul Han en su libro Vida Contemplativa: “la obligación de actuar y, aún más, la aceleración de la vida se está relevando como un eficaz medio de dominación. (…) Dado que falta tiempo para pensar y sosiego al pensar, ya no se ponderan los pareceres divergentes: basta con odiarlos.” Nos enseñó la Escuela Estoica que fundó Zenón de Citio en el siglo IV a. C., como recoge en su libro Maestros de la Felicidad Rafael Narbona que: “la verdadera moralidad se asienta en el conocimiento. Es imposible practicar la virtud sin el concurso de la sabiduría. Sin reflexión teórica y sin una incansable búsqueda de la verdad, la conducta naufraga en la mediocridad y acaba desembocando en el mal.”
Tenemos que dedicarle más tiempo diario todos y cada uno de nosotros a pensar. Nos ayudará en esta ineludible tarea de ser más reflexivos, más racionales, y por tanto más personas y por ende más libres el leer a los grandes pensadores. Conlleva su esfuerzo, pero todo esfuerzo en cultivarnos nos es recompensado con creces.
Además es necesario nuestro trabajo personal, de cada uno, ante la actual situación de la mediocridad de muchos de los políticos que hoy padecemos, que también se han sufrido en otras épocas de la historia, como escribió el sabio Don Gregorio Marañón en Amor, Conveniencia y Eugenesia: “Porque el progreso de los pueblos -el hondo, el ético- no puede hacerse sin la colaboración de la inquietud de cada uno; sin la preocupación de la propia conducta civil; y es triste, pero es cierto, que mandando, sólo mandando, no se enseña ni siquiera a obedecer. En estos tiempos de radical transformación de cosas viejas, cuando los pueblos se preparan para cambiar su ruta histórica, no hay más política posible que la formación de la ciudadanía.”
Como no son las personas del pensamiento y de la ciencia quienes participan activamente en política, como escribió Antonio López Vega que quería Marañón, en línea con las tesis de Ortega y Gasset de que las mejores personalidades debían guiar la honda transformación del país, debemos ser cada uno de nosotros ocupándonos en mejorarnos y mejorar nuestras relaciones sociopolíticas, a través del raciocinio.
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