El portavoz del PP Sagunto, Ximo Catalán. / EPDAPerder fondos europeos no es solo una cuestión administrativa: es un reflejo claro de la incapacidad de planificar, gestionar y ejecutar proyectos que pueden transformar una ciudad. Los 447.273,59 euros que el equipo de Gobierno ha tenido que devolver al Ministerio de Transportes por no cumplir los plazos de ejecución de los carriles bici y zonas de bajas emisiones son un ejemplo lamentable de ello. Pero este caso es solo la punta del iceberg de un problema mucho mayor: cuando un gobierno local no planifica, toda la ciudad paga las consecuencias.
Cada euro de fondos europeos que llega a nuestra ciudad es una oportunidad para mejorar la movilidad, la sostenibilidad, la calidad de vida de los vecinos y para impulsar inversiones que no gravan el bolsillo municipal. Cuando esos recursos se pierden por falta de gestión y planificación, no se trata solo de cifras: se trata de proyectos que se retrasan o desaparecen, oportunidades económicas que se esfuman y confianza ciudadana que se erosiona.
El caso de los carriles bici demuestra, además, que la improvisación tiene un coste doble. No solo se pierden subvenciones ya concedidas, sino que el Ayuntamiento se ve obligado a pagar los proyectos con recursos propios, repercutiendo directamente en los vecinos y vecinas. La falta de previsión del equipo de Gobierno socialista se traduce en que Sagunto pague dos veces por algo que podría haberse ejecutado sin coste adicional si se hubiera trabajado correctamente desde el principio.
Este ejemplo debería servir como alarma: la mala gestión no es inocua. La ciudad necesita un gobierno capaz de planificar, coordinar y ejecutar los proyectos con eficiencia, que aproveche todas las oportunidades de financiación externa y que garantice que cada euro público se utiliza en beneficio de la ciudadanía. Sagunto no puede permitirse seguir perdiendo recursos europeos por falta de rigor o de planificación.
El desafío para nuestra ciudad es claro: aprender de los errores y exigir responsabilidad. La ciudad necesita dirigentes que gestionen bien, planifiquen con antelación y cumplan los plazos, porque de ello depende que los fondos europeos cumplan su objetivo: mejorar la vida de los vecinos, impulsar proyectos sostenibles y hacer de Sagunto un lugar más moderno y competitivo. Cada oportunidad perdida por mala gestión es un golpe directo a la ciudad, y Sagunto no puede permitirse seguir pagando esa factura.
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