Este sitio web utiliza cookies, además de servir para obtener datos estadísticos de la navegación de sus
usuarios y mejorar su experiencia de como usuario. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su
uso.
Puedes cambiar la configuración u obtener más información en nuestra política de cookies pulsando aquí.
Merece la pena solo por el magnífico ejercicio de dirección que despliega Gus Van Sant (El indomable Will Hunting, Elephant, Mi nombre es Harvey Milk). Recrea un suceso real en clave de thriller con unas connotaciones sociales interesantes. Aplica unos recursos técnicos eficaces, que dotan al filme de verosimilitud, y evoca a clásicos del género. Mantiene la tensión de la situación con elementos ciertamente curiosos. Controla la narración del relato, cuya incertidumbre va creciendo exponencialmente. Resulta tan recomendable su visionado como sentarse en la butaca sin haberse documentado previamente sobre lo ocurrido.
Indianápolis, 8 de febrero de 1977. Tony Kiritsis irrumpe en las oficinas de la compañía inmobiliaria Meridian Mortgages. Pretende reunirse con el presidente, pero se encuentra de vacaciones en Florida; así que lo recibe su hijo, Richard Hall. Inesperadamente, tras entrar en el despacho, saca una escopeta recortada y lo amenaza. Quiere que le pidan disculpas públicamente y le entreguen 5 millones de dólares, porque, según dice, lo estafaron cuando le compraron unos terrenos. En caso contrario, le pegará un tiro.
La textura de las imágenes nos traslada rápidamente a aquella época. Además, inserta puntualmente unos fragmentos, con grano grueso y formato cuadrado, que parecen grabaciones auténticas, aunque no lo sean. Ello genera un mayor impacto y acerca al espectador a las sensaciones que experimentaron quienes siguieron por televisión el desarrollo de los acontecimientos.
Las injusticias que cometen algunas grandes empresas con los clientes, las condiciones leoninas, los límites de la desesperación y la salud mental son temas muy presentes. No debe obviarse que, cinco décadas después, estas lecturas continúan siendo válidas.
En ocasiones, relaja el suspense con ligeras notas de humor. En ese terreno también hay personajes secundarios que realizan aportaciones importantes. Destaca el locutor de una radio local, Fred Temple, que adquiere un improvisado y relevante papel.
El diseño de producción cumple en todos los niveles, correspondido por una buena fotografía; mientras que el esmerado montaje pone la guinda.
Bill Skarsgård (It, Nosferatu) convence en el rol de tipo excéntrico y expeditivo. Le acompaña un notable Dacre Montgomery (Stranger Things). Completan el reparto unos actores contrastados: Colman Domingo (Las vidas de Sing Sing), Cary Elwes (La princesa prometida) y Al Pacino.