Un fotograma de "Rondallas". / EPDAEl oficio de Daniel Sánchez Arévalo (AzulOscuroCasiNegro, Primos, Diecisiete) vuelve a brillar en esta recomendable comedia agridulce que ha escrito y dirigido. Nos presenta una historia llena de buenos sentimientos, personajes auténticos con los que resulta fácil encariñarse y unos estimables elementos costumbristas. El folclore gallego sirve de hilo vertebrador a un filme prácticamente coral que gana en emociones e interés paulatinamente. Sus 112 minutos vuelan y garantizan unas gratas sensaciones.
Hace dos años, en la tragedia del buque pesquero Gran Sol perecieron 7 de sus 9 tripulantes. Tal desgracia supuso un terrible golpe para los habitantes del pueblo costero al que pertenecían los marineros. La mayoría eran miembros de la rondalla local, que terminó por disolverse. Ahora, Luis, que sobrevivió al naufragio, pretende reorganizarla, e incluso inscribirla en el prestigioso certamen provincial. Piensa que sería una manera apropiada de homenajear a los fallecidos, recuperar el ánimo y superar el duelo, pero tropezará con varios inconvenientes.
El dolor que intentan sobrellevar los protagonistas se funde con el humor en un relato ligero, cuyo desarrollo esconde también unas apreciables subtramas románticas. Profundiza en su devenir y lo alterna con los esmerados ensayos de la agrupación musical. Cautivan los detalles y las dificultades que supone conjuntar perfectamente a los numerosos participantes siguiendo una estudiada coreografía.
Si bien los preámbulos son algo tibios y despiertan pocas expectativas, pronto surgen unos alicientes que dan mucho juego. Vincula secretos e intimidades particulares con la unión, la fuerza y el soporte que proporciona formar parte de un colectivo. Además, sabe introducir un giro determinante e inesperado en el momento preciso.
El desenlace, desprovisto de artificios, aporta un magnífico colofón y, sin buscarlo abiertamente, conmueve. Lo redondea el simpático y amable epílogo, que se extiende a los créditos de cierre.
Todos los actores rinden al mejor nivel en diferentes registros. En los roles con exigencias dramáticas se lucen Javier Gutiérrez y María Vázquez (Matria). Carlos Blanco (Fariña) y Tamar Novas (Mar adentro) resuelven con solvencia sus papeles, que aportan unas agradecidas notas cómicas. Junto a ellos, destacan los prometedores Judith Fernández (Acacias 38) y Fernando Fraga, quien se desenvuelve con un prometedor desparpajo.
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