Josep Catalunya. / EPDAEl pasado 28 de febrero, el jefe de gobierno de Israel, por cierto, bajo una orden de arresto de la Corte Penal Internacional por crímenes de guerra y de lesa humanidad, y Mr. Trump, presidente de los Estados Unidos, sin consulta previa de este último a sus aliados de la OTAN y sin el consentimiento preceptivo del Congreso de su país, iniciaron una guerra ofensiva contra Irán, sin olvidar la invasión de Líbano por el ejército israelí; una guerra totalmente ilegítima, sin respeto del Derecho Internacional y sin que sus autores hayan explicado la verdadera causa de la misma.
Pocas son las voces que, en principio, de una forma rotunda, se han opuesto públicamente a esta guerra ilegítima. Por una parte, hemos de citar al presidente del Gobierno español, Pedro Sánchez, el cual, desde el principio, se ha opuesto a la misma con su “NO A LA GUERRA”, por no respetarse el Derecho Internacional, negando asimismo a los Estados Unidos el uso de las bases militares conjuntas de Rota y Morón de la Frontera, lo cual, si bien ha tenido un importante eco internacional (véanse, por ejemplo, los periódicos The Guardian, The Washington Post, The New York Times, Der Spiegel, Le Parisien, Le Figaro...), ha dado pie a toda una serie de exabruptos y amenazas por parte de Mr. Trump contra España. Por otro lado, recientemente, el presidente de Italia, Sergio Mattarella, en su discurso de investidura como doctor honoris causa por la Universidad de Salamanca, ha denunciado “el incumplimiento sistemático y la violación de la Carta de la ONU, la deslegitimación de los tribunales internacionales y la creación de un vacío en tierra de nadie arbitraria, objeto de incursiones injustificadas”.
¿Y qué ha dicho o hecho, mientras tanto, la OTAN y la Unión Europea? Lamentablemente, su secretario general, Mark Rutte, el 5 de marzo, intenta contentar a Trump y habla de un apoyo masivo de la OTAN, aunque no esté directamente involucrada, a la guerra contra Irán. Por su lado, la presidenta de la Comisión Europea, Úrsula von der Leyen, dijo, en un primer momento, que “Europa ya no puede ser la guardiana del orden del viejo mundo, de un mundo que ha desaparecido y que no volverá”, opinión que, días después, modificó en sentido contrario, admitiendo la preeminencia del Derecho Internacional. Y, por otro lado, el jueves 19 de marzo, el Consejo de Europa se posicionó a favor del Derecho Internacional y contra la guerra de Irán, negándose también a prestar ayuda para abrir el estrecho de Ormuz, sin citar en ningún momento, eso sí, ni a Trump ni a Netanyahu, lo cual ha dado lugar, pese a ello, a que el primero califique a sus aliados de la OTAN y europeos de cobardes.
Realmente, Trump tiene razón al calificar de “cobardes” a sus aliados de la OTAN y de Europa, pero pensamos muchos ciudadanos europeos que no por las razones que aduce el presidente de Estados Unidos, sino por la tibieza de los mismos en oponerse a la guerra y por la falta de coraje, claridad y coherencia en su condena. Como afirma el prestigioso periodista italiano Andrea Rizzi, “a Europa le corresponde saber decir que no”; “no sabe todavía decirlo en coro como sería necesario”.
¿Qué dirían ante esta situación los padres fundadores de la Comunidad Económica Europea, de diversas ideologías (Adenauer, Alcide De Gasperi, Jean Monnet, Robert Schuman, Paul-Henri Spaak…), cuyos principios fueron básicamente la paz mundial (tras el desastre de la II Guerra Mundial), el respeto al Derecho Internacional, la defensa de los derechos humanos, el Estado de Derecho y el bienestar de los ciudadanos?
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