Antonino Muñoz. / EPDACada mañana, antes de que muchos empiecen su jornada, hay personas que ya están con las manos en la masa, levantando la persiana o preparando los pedidos del día. Panaderos, peluqueras, fontaneros, transportistas, hosteleros, autónomos que sostienen con su trabajo diario buena parte de la economía de este país. Y ahora, el Gobierno de Pedro Sánchez vuelve a cargar sobre ellos el peso de su gestión.
Subir la cuota de autónomos no es una medida cualquiera: es una forma de decirle a miles de personas que su esfuerzo no vale. Que da igual cuántas horas trabajen, cuántos riesgos asuman o cuántos sacrificios hagan, porque al final el Estado siempre va a quedarse con un trozo más grande de su bolsillo. Y lo más injusto es que hablamos de gente que, en muchos casos, apenas llega a fin de mes.
No se puede hablar de “progreso” mientras se asfixia a quien crea empleo. No se puede llenar la boca con “justicia social” cuando se castiga al que madruga, al que arriesga y al que no tiene red de seguridad. El autónomo no pide privilegios. Pide que no le pongan más trabas. Que no le suban más cuotas. Que no le ahoguen con más papeles.
No se puede hablar de “progreso” mientras se asfixia a quien crea empleo. No se puede llenar la boca con “justicia social” cuando se castiga al que madruga, al que arriesga y al que no tiene red de seguridad. El autónomo no pide privilegios. Pide que no le pongan más trabas. Que no le suban más cuotas. Que no le ahoguen con más papeles.
Echo de menos un equipo de Gobierno que mire más hacia los que levantan cada día la persiana, que entienda lo que significa pagar un recibo cuando apenas entra dinero, o tener que elegir entre invertir o sobrevivir. Las administraciones deberían estar para ayudar, no para complicar.
A los autónomos y autónomas no hay que darles discursos. Hay que darles aire y tenderles la mano. Y mientras algunos gobiernan desde los despachos sin haber firmado nunca una nómina ni abierto un negocio, miles de personas siguen sosteniendo este país con sus propias manos. Siempre tendréis mi admiración y respeto.
Subirles la cuota no es recaudar más: es desincentivar el trabajo, el talento y la valentía.
Porque si seguimos castigando a los que crean y producen, ¿qué futuro nos queda?
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