Miguel Á. Martín. Si un banco utiliza a Bob Dylan para dar un mensaje, ¿por qué yo no?: “No necesitas al hombre del tiempo para saber en qué dirección sopla...”, eso creo yo que pensamos cualquiera que pisemos calle, colegios, hornos, cafeterías, cines etc. o en general, cualquier tipo de evento que reúna a más de dos personas. Si tienes un mínimo de interés en saber si algo se mueve, debes prestar un poco de atención y saber leer entre líneas. Yo hace tiempo que estoy dando la lata en estas columnas, que comparto mis reflexiones con ustedes, y no he dejado de plantear que estamos en un momento de cambio profundo en lo que respecta a la forma de organizarnos políticamente. Confieso que en las pasadas europeas pensé que el fenómeno Podemos daría una sorpresa, pero no tanta. Ahora creo que en las próximas municipales, autonómicas y generales va a ser una fuerza decisiva. Y la explicación es muy sencilla: plantean ser útiles a los de abajo, que están hasta los mismísimos.
La sensibilidad social y política no requiere de ningún intérprete, y menos para los que se dedican a la política, por eso es alucinante que no vean lo que hay detrás de Podemos: cansancio; hastío, ganas de cambio; deseo de ruptura; ansia de comunidad; inclinación a la igualdad y justicia… Como puede verse entre sus haberes no hay fórmulas secretas… son la mayoría esencias y anhelos de una sociedad mejor que siempre han sido de gran significado para la izquierda, incluso para la socialdemocracia. Sin embargo, en algún momento de los últimos treinta años, pasaron de esencias a lugares comunes, y ni los propios partidos entendían muy bien como materializarlas. La “gente”, ese término recuperado para la POLITICA por Podemos y que significa pueblo, decisión colectiva, vida en comunidad… si sabe hacia dónde sopla el viento sin consultar al hombre del tiempo. Quizás el problema es que los partidos hace mucho tiempo que lo tienen contado de asesor.
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