El pasado fin de semana, un numeroso grupo de Puçol viajó hasta San Sebastián para participar en la mítica Behobia. Foto: EPDA.
La Behobia-San Sebastián
es una de las carreras más multitudinarias que existen ―este año alcanzaron las
25.000 inscripciones― y en ella participan atletas llegados de todo el mundo.
Se trata de una prueba de
20 kilómetros con un recorrido muy exigente, de constantes subidas y bajas, el
que separa el barrio de Behobia (Irún) de la capital donostiarra. Pero más allá
de la dureza del circuito o la belleza de los paisajes que recorre la prueba,
el verdadero encanto de esta carrera está en el magnífico ambiente que se
respira de principio a fin.
Y es que en ningún otro
sitio sienten tanto el deporte y el atletismo como en el País Vasco. Sólo eso
puede explicar por qué miles y miles de personas madrugan un domingo para
presenciar en directo una carrera en medio de un fuerte aguacero, porque
durante veinte kilómetros sólo se escuchan aplausos y gritos de ánimo, porque
los niños pelean para chocar sus manos con las de los atletas ―da igual si son
los primeros o los últimos― o porque existe
toda una legión de voluntarios que hacen que la organización de la prueba sea
todo un éxito.
Con esta sensación es con
la que un corredor vuelve de la Behobia, con la satisfacción de haber
participado en una de las carreras más grandes y de haber estado en una ciudad
que respira afición por el atletismo por los cuatro costados. Pero San
Sebastián tiene muchas otros atractivos paralelos a la carrera, como su oferta
de cultural, de ocio y, sobre todo, gastronómica.
Reservada la mañana del
domingo para correr, la expedición del Club Atletismo Puçol aprovechó la
jornada del sábado para visitar la ciudad, recorrer la Parte Vieja y disfrutar
de los tradicionales pinchos y el delicioso txacolí. ¡Y en esto “els puçolencs”
también cumplieron, vaya si cumplieron!
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