Emilia Pastor. A nadie se le escapa que vivimos inmersos en una sociedad consumista
y caprichosa, eternamente insatisfecha, donde casi todo es objeto de
transacción y deseo. Naturalmente, los animales de compañía no se
han librado tampoco del afán consumidor del hombre moderno, ni de
sus antojos. Considerados como una mercancía, sin valor en sí
mismos , se dispone de su existencia y destino arbitrariamente y
sin el menor remordimiento debido, en parte, a la miope y
acomodaticia visión que del animal se tiene , pasando por alto su
condición de “ser vivo y sensible ” capaz de sentir y sufrir.
Lógicamente este importante fallo de apreciación, lleva al animal
de compañía a situaciones y estadios no deseables. Compra
compulsiva, moda puntual de determinadas razas, adquisición poco
meditada o tenencia irresponsable, suelen ser los factores
desencadenantes de su mala suerte. De otro lado, hay demasiados
nacimientos y la oferta de perros y gatos supera a la demanda , hecho
que los hace fácilmente accesibles sin los requisitos previos
exigibles al caso : información sobre el animal elegido, previsión
de supuestos ( vacaciones ) espacio ( tipo de vivienda) y tiempo
disponible para su cuidado ( horarios laborales ) presupuesto (
comida, aseo, veterinario ) . Curiosamente, cuando de adquirir un
frigorífico o un televisor se pregunta, se recurre a INTERNET y se
busca asesoramiento de los profesionales. Sin embargo hacerse cargo
de un animal, UNA VIDA con necesidades físicas y psicológicas, con
capacidades mentales y emocionales, no parece merecer ningún tipo
de preámbulo preparatorio. En resumen: una VIDA tiene menos valor
que una nevera, por ejemplo. En fin .......
Así es que los problemas y los interrogantes no tardan en
aparecer:¿qué hacer del cachorro mestizo no deseado, porque se
creía de pura raza ?¿ Y del que ha crecido demasiado ? ¿Y del que
al niño ya no le divierte? ¿Y del gato de la anciana ingresada en
un geriátrico? ¿Y del perro de la pareja separada, o del que dice
que antes vivía en un chalé y ahora no se lo puede llevar al piso
porque le estropearía el parquet? ¿Y del viejo o el enfermo? ¿Y
del ....? ¿Y del...........?¿Solución? deshacerse del animal no
deseado por la vía más rápida en centros de recogida municipales o
privados los cuales, salvo honrosas excepciones, les quitaran la
vida a los 20 días si no han sido adoptados, con dinero público
cuando se necesita para cosas más perentorias .
Parece pues razonable, ante lo anteriormente expuesto, que la
aceptación voluntaria de un animal de compañía, tenga que pasar
por una reflexión consensuada y reposada, de forma y manera que la
decisión obedezca a criterios de sensatez y raciocinio, poniendo en
valor la VIDA, con mayúscula, el regalo más preciado para
cualquier ser vivo, de la especie que sea.
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