Ahoraque todo – o casi todo- el mundo ha vuelto de vacaciones, incluidaesta columna, es un buen momento para hacer un pequeño balance de unverano que ya va poniendo el cartel “the end”
Apartede cotilleos varios, divorcios, casamientos, peleas familiares ysaraos múltiples, hay algunas cosas que recordaremos de este estío.O que deberíamos recordar.
Laprimera es que, después de muchos años, se ha acordado laexhumación de Franco. No me voy a extender sobre ello, que ya hancorrido, y correrán, ríos de tinta. Pero sí me gustaría hacerhincapié en algo que me sorprendió y me preocupó a partes iguales.Mi hija de 17 años me comentó, al respecto de esta noticia, quehabía mucha gente de su edad que decía que estaba harta de esetema, que lo de Franco no había sido para tanto.Tal cual lo digo.
Ylo peor es que esos mismos adolescentes bailan despreocupadamente alritmo de un Maluma -o similar- que destila machismo por todos susporos sin darse cuenta ni siquiera de las barbaridades que dice,Quizás piensen que tampoco es para tanto. Y, posiblemente, tampocotengan idea de cuantas mujeres ha asesinado la violencia machistaeste verano, ni este año, ni siquiera este siglo.
Nosé qué hemos hecho mal, pero mucho tiene que ser para que a estaspersonitas, a punto de entrar en la mayoría de edad, les importen uncomino estas cosas. Pero mal vamos.
Aunque,si pensamos cómo nos comportamos los adultos, tampoco podemos pedirperas al olmo. El numerito de la puesta y quitada de los lazosamarillos me ha recordado poderosamente a una anécdota de mi hija–en este caso la mayor- cuando no tendría más de cuatro años.Como quiera que yo, madre primeriza, me empeñara en debutar comomamá de muñeca repollo llenándola de lazos, la niña se rebeló.Se negó –y se sigue negando, ahora ya mayor de edad- a llevar lazoalguno, y se los arrancaba de allá de donde los viera. La sorprendícon esa edad arrancándoselos de la ropa interior que con toda lailusión le había comprado su abuela, también primeriza en estaslides. Y mira tú por donde que ahora, viendo esas escenas en la teleen que poner o quitar lazos se convierte en razón de estado, meacuerdo de mi hija y sus rabietas. Y no es para menos.
Y,para redondear el verano, hemos tenido los dos crímenes que hanreactivado todas las escalas de morbo posibles. El que han dado enllamar de “la viuda negra de Alicante” y el del concejal deLlanes. Dos asuntos dramáticos que han hecho que televisiones yperiodistas sin escrúpulos se froten las manos. La excusa perfectapara poner el circo mediático en marcha. Que no nos falte de nada.Entrevistas con personas relacionadas, conjeturas varias, opinadores,supuestas exclusivas sin dejar atrás a algún vecino en busca de suminuto de gloria, que siempre los hay. Más de lo mismo.
Asíque ha sido un verano de lo más variado. O de lo menos, porque loimportante sigue ahí y parece que poco importa. Y, como noespabilemos, las generaciones futuras no nos mejoran, visto lo visto.
Aver si con lo de no cambiar la hora cambia algo, para variar.
SUSANA GISBERT
(TWITTER @gisb_sus)