Hallegado el verano. Las altas temperaturas no engañan, y elcalendario tampoco. Estamos en fase de achicharramiento máximo, apunto de que nos dé un jamacucuco y con unas ganas de vacaciones queno se las salta nadie.
Peronos falta algo. No hay VeranoAzul ni Chanquete. Ya nonos ponen la enésima reposición del veraneo de la pandilla enNerja, nada del barco de Chanquete, del primer amor de Beatrizmientras Pancho y Javi se disputaban su atención, ni de los bocatasdel Piraña o los cuadros de Julia. Nos falta algo. Falta también elconsabido programa supuestamente refrescante por el hecho de que lospresentadores fueran en chanclas y los concursantes acabaran en elagua, aunque nunca entendí muy bien qué tenía de refrescante parael espectador que está a cuarenta grados que los tipos de la tele sepongan a remojo. Y nada tampoco, por lo que veo, de concursos entrepueblos con amago de fiestas patronales, vaquilla incluida. Menos malque la Obregón no faltó a su posado veraniego –no pesan los años,pesa la caspa- porque si no es como si nos hubieran teletransportadoal verano de Marte. Aunque si vemos el último hit de LeticiaSabater, me surgen las dudas, la verdad.
Esosí, aunque ya no dicen lo de que sino hay Casera, nos vamos.tenemos el tinto de verano, que ha venido hasta la abuela en pareo,eo eo. Y eso ayuda a ubicarse, hay que reconocerlo. Si no, no sé quésería de nosotros.
Porquenos espera un verano no solo tórrido, sino plúmbeo. Con los mismosseñores que llevan dándonos la lata todo el año con sus promesas acuestas y su incapacidad de llegar a un acuerdo, saliendo una y otravez reuniéndose y volviéndose a reunir para no llegar a ningúnsitio. O si. Al de nuestro total hartazgo, que no es poca cosa, peroque ellos parecen despreciar de modo olímpico.
Perotranquilos. Seguro que hay algo que no falla. El fútbol. Después demeternos en vena la Eurocopa, con el bluff de la Roja incluido, notardaremos en ser torpedeados con torneos veraniegos, pretemporadas yhasta paseos en bañador de los muchachos del balompié. O paseos porlos juzgados, que éstos también se han subido a tan nefasto carro.Y aquí no pasa nada.
Asíque, visto lo visto, traigánme a Chanquete. Quizá el sonsoneteaquel, “Del barco de Chanquete, no nos moverán” les haga ver alos señores que aspiran a gobernarnos que así no se puede. Que sino cambian algo vamos a seguir en modo hámster, dando vueltas ennuestra ruedita y sin llegar a ningún sitio.
Yademás, al menos, eso sí sabemos cómo termina. Chanquete se muere,el verano termina, y vuelta a empezar. Y perdón por el spoiler.