El buen tiempo y
la subida de las temperaturas aumentan el consumo de platos ligeros y
frescos, como el gazpacho o el ajo blanco, así como elaboraciones
con frutas de todo tipo tipo. Para acompañar estas comidas buscamos
vinos que estén en la misma línea que los alimentos: refrescantes y
afrutados.
Los tintos
jóvenes, los rosados y los blancos juegan un buen papel a la hora de
acompañar platos veraniegos debido a que son vinos de textura ligera
y ayudan a la hora de hacer la digestión. Uno poco conocido y muy
recomendable para los periodos estivales es el Eiswein.
El vino de hielo
o como se conoce en alemán Eiswein, es un caldo hecho de una uva que
se ha dejado sobremadurar en la cepa y luego ha sido congelada de
forma natural, con la primera helada, o de forma artificial, por
criomaceración. Una vez el agua de la fruta está cerca de los 0ºC,
la concentración de azúcar en su interior es mucho mayor a la
habitual, debido a que el hielo ha roto la cascarilla de la uva
permitiendo que pierda más agua y haciendo que el mosto tenga más
azúcar. Lo que crea un producto de una dulzura y aroma
extraordinarios.
Las
variedades de uva utilizadas para la confección de estos productos
son muy variadas y dependen del país donde se produzca. Las más
usadas son Gewürztraminer y Riesling pero en España también se
emplean Verdejo y Tempranillo. Este vino, aunque lleva asociado la
palabra ‘helado’, no debe servirse por debajo de los 10ºC ya que
de hacerlo se perderían sus matices y aromas, perfectos para
acompañar platos con foie, frutas o para servirlo junto a los
postres después de una comida.
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